ABUSO INTRAFAMILIAR

HISTORIA DE TAMAR (2 Samuel 13: 1-32)

La historia de Tamar representa a cientos de familias en nuestro presente.  Familias que tienen como fundamento la fe cristiana y donde menos podríamos imaginar que un evento como este tuviera lugar. Esperamos que el abuso sexual ocurra en otro tipo de familia.  No así en una donde viven personas respetables y de situación económica cómoda.  Lo cierto es que, el abuso sexual no tiene fronteras.  Ocurre en hogares menos insospechados.

Prevención: Estos hogares reúnen ciertas características comunes que nos ofrecen luz para prevenir que el abuso tome lugar.  El abuso sexual no es un acto que ocurre de manera repentina.  La gran mayoría de los abusos ocurren dentro de un contexto conocido y familiar para la víctima.  Como en la vida de Tamar ocurrió dentro de su propio hogar.  Este tipo de experiencia es devastadora.

El hogar donde típicamente ocurre el abuso es donde los vínculos están distantes, y carentes de sentido.  La intimidad legítima y sana es rara o no existe del todo.  El ambiente provee un terreno propicio para fomentar profunda necesidad afectiva.

Allender (1995) señala que muchas víctimas tienden a negar las carencias de su hogar: la distorsión de roles arrebata al niño su infancia y la reemplaza con cargas propias de la edad adulta, la ausencia de límites o fronteras como la privacidad e independencia colocan al niño en una posición vulnerable ante el agresor calculador, la negación o el rechazo de las emociones o de los pensamientos del niño atenta contra la privacidad y el carácter inviolable de su mundo interno.

Un hogar así ha logrado producir en el niño un profundo anhelo de ser valorado, escuchado, amado, respetado; un anhela de una relación verdadera. La escena está lista para el abuso.  El niño está vacío, solo, desprovisto de privacidad y atado a una familia o a un progenitor, cuyos deseos se vuelven el pan y  la esperanza para el niño hambriento.

En el objetivo de prevención el consejero puede convertirse en un educador dentro de su comunidad de fe.  Diseñar charlas, talleres, dinámicas familiares, entre otros, que discutan y orienten sobre el tema y el cómo se puede cerrar puertas para dicha experiencia desoladora.  Será un aporte invaluable para las familias participantes.

Intervención: Como ya es conocido, en este tipo de familia no se acostumbra a hablar del evento ocurrido. En la familia de Tamar cada cual decidió resolver a su manera. Su hermano Absalón le dijo que se calmara y no dijera nada.  El rey David hizo mal a no corregir a Absalón y a Amnón.  Tamar guardó su pena y vergüenza dentro de sí misma.  Sufrió el abuso a solas.

Realizar una intervención con una familia disfuncional y no creyente es un reto. Las reglas son: aquí no se habla, no se siente, no ha pasado nada y si algo pasó lo resolvemos a nuestra manera.  Aceptar que un “intruso” irrumpa sistema  cerrado familiar no es asimilado.  De modo que, la labor primordial del terapista será obtener la confianza y respeto de cada miembro.   No hacerlo así, implicará que al hacer la terapia familiar los gestos de intimidación y los comandos inconscientes ya instalados como: “no digas nada”, “no debo hablar mal de mí papa”, “las cosas que pasan en casa no se hablan con nadie”, “si digo algo después me van a pegar o a reclamar”, no permitirán que se realice una terapia asertiva.  De hecho, se atreverán afirmar que todo está bien, que no saben a qué usted ha venido.

Se recomienda  el modelo de intervención en el cual resalta el papel del terapista como “amigo” de la familia.  Esto tomará tiempo y dedicación. Compartir momentos tales como: una cena, un compartir familiar, etc. le ofrecerá la oportunidad de obtener información de los miembros en su manera de expresarse, sentir y actuar.  Además, irá rompiendo barreras de desconfianza y temor.

Cada experiencia compartida será su taller de trabajo para educar a la nueva familia.  El que tomen conciencia de cómo han funcionado y cómo se espera que funcionen será la agenda en cada sesión formal e informal.

Cada gestión realizada estará derrumbando los mecanismos de defensa que la familia presenta en cada situación: la negación, la evitación, postergación, justificación entre otros deberán ser sustituidos por la honestidad, sinceridad, respeto, amor y demás demostraciones afectivas.

Otra meta del consejero será llevar a esta familia al reconocimiento de la necesidad de Jesucristo en sus vidas.  El tenerlo a Él como centro del hogar les ayudará a superar y sanar dicho acontecimiento con mayor rapidez y menos dolor. Enfocar la intervención sólo al hecho del abuso sexual y dejar a esta familia sin la esperanza de redención es similar a la intervención realizada por cualquier profesional de ayuda no creyente.

La víctima de abuso deberá continuar con sus sesiones individuales al tiempo que se interviene con sus familiares inmediatos.

Si por el contrario, la intervención es con una familia que profesa la fe en Jesucristo, como la de Tamar, dicha intervención debe ser enfocada tomando en consideración varios aspectos. Partiendo de la premisa de que son creyentes serán invitados: conforme a las Escrituras,  a enfrentar la experiencia con la verdad, honestidad, acompañamiento,  amor y justicia que demanda Dios para con cada uno de sus hijos.

El no permitir que Tamar expresara su dolor, no lo sintiera, desobedecer la ley, hacer venganza por lo cometido, no ejercer la corrección debida para con los hijos y demás, evidencia la disfuncionalidad de esta familia y levanta el cuestionamiento de su condición espiritual.

Dos aspectos que tendrá que colocar el terapista en su agenda de trabajo.

Una familia puede llegar a los pies de Jesús siendo disfuncional, pero puede y se espera sea transformada por el poder de Dios y disfrutar de un ambiente  hogareño de respeto, armonía, seguridad y de paz.

El rol de amigo, educador, facilitador e instrumento de Dios estarán presentes durante todo el proceso. Si el abuso es extra familiar (el agresor no es de la familia) se tomará en cuenta si la familia es creyente o no y cuan disfuncional sea.  Estos elementos son importantes considerarlos para evaluar las fortalezas y debilidades presentes de manera tal que se instalen recursos y se remuevan aquellos aspectos que dificulten la intervención.

Con esta información y los detalles antes mencionados el terapista podrá estructurar su intervención de manera más efectiva.

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