El hombre natural no comprende. Libro Transferencia de Espíritu, Cap II

El Hombre natural no lo comprende

La idea principal del autor en este capítulo es: “Es muy evidente que el hombre natural no comprende las cosas de Dios. Por consiguiente, este mismo hombre no comprende las cosas de Satanás. Dado que el hombre espiritual comprende las cosas del Espíritu de Dios, también debería comprender las cosas de espíritu del demonio. Pero… aquí está el problema. Aunque muchos han recibido instrucción sobre las cosas del Espíritu Santo, pocos han sido instruidos en las cosas del espíritu inmundo”1.

Lo anterior lo indica basándose en el texto bíblico de 1 Corintios 2:11-14. En este pasaje, el apóstol Pablo, escribiéndole a la iglesia de esa región, habla de cómo las cosas del Espíritu debían de ser discernidas espiritualmente por aquellos que habían alcanzado madurez espiritual. También dice que, por el contrario, los que no habían alcanzado madurez en el Espíritu, el “hombre natural” como el apóstol lo llama, no tienen la capacidad de discernir.

Aunque el autor del libro está en lo correcto al decir que, el hombre Espiritual debe estar capacitado para comprender las cosas del demonio, tanto como lo está para comprender las del Espíritu de Dios; la interpretación dada no se ajusta correctamente al texto que usa como base para esta declaración.

Discernir el Espíritu

El pasaje bíblico de 1 Corintios 2:11-14 versa de la siguiente manera: “Porque ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero  el hombre natural no percibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

Pablo le está hablando a una iglesia que aunque había sido bendecida en toda palabra, en toda ciencia, y guardaban el testimonio de Cristo, y abundaban en todo los dones del Espíritu (1:5-7), no estaban comprendiendo su discurso como espirituales. El apóstol Pablo les reclama: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como espirituales, sino, como carnales, como a niños en Cristo” (3:1) ¿Cuál era la razón? Porque había entre ellos celos, contiendas, disensiones (3:3-4).

Conciencia y Palabra

Por tanto, si echamos un vistazo detenidamente al pasaje base que el autor usa como fundamento de su enseñanza; una correcta interpretación, nos lleva entender que la intención de Pablo era despertar la conciencia de los corintios, para que pudiesen comprender aquellas cosas que se les había sido impartidas por el Espíritu Santo. “…Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las revelo a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (2:9-10).

“Por tanto comprendiendo este principio llegamos a la conclusión de que la intención del apóstol era establecer que el hombre natural, es decir, el hombre que carece de vida espiritual, no tiene la capacidad de discernir, ni entender las cosas del Espíritu. Mientras que los espirituales, que tienen el Espíritu de Dios, y poseen vida espiritual tienen la capacidad de discernir. Es mediante la iluminación de la Palabra de Dios, que el Espíritu Santo suministra a sus santos la capacidad de discernir la verdad divina (Salmo 119: 18), aquella que los que espiritualmente están muertos no pueden entender (Juan 6: 37-39)”.2

Batalla Espiritual

Es muy cierto que el pueblo de Dios necesita comprender tanto las cosas del Espíritu Santo, como las del demonio; es más, debe ser instruido en ellas. Pablo lo hacía, de hecho, en Efesios 6:10-18 nos instruye de cómo usar efectivamente la armadura para pelear nuestras batallas.También dice que no debemos dar ventaja a Satanás, ni ignorar sus maquinaciones (2 Co. 2:11).

Aparte de esto el énfasis de las enseñanzas de los apóstoles, incluyendo las de Pablo era instruir a los cristianos de cómo reflejar la vida de Cristo, en palabra y hechos en un mundo malo. Se enfrentaron a dificultades y ataques directos del maligno, claro que sí; pero esto lo tomaron como parte del plan de Dios en sus vidas, a fin de llevar hacia adelante la propagación del evangelio.

Pablo habla de su aguijón en la carne, y dice que era un mensajero de Satanás, en otras palabras un demonio que le abofeteaba, implica que le daba golpes contundentes, como a puño cerrado. Pablo en lugar de reprender al demonio causante de su mal, se lo entrego a Dios. El dice: “respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mi. y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. (2 Corintios 12:8).

Perspectiva personal

En importante que subraye aquí, que no subestimo la intención del escritor. Es muy cierto que muchos cristianos viven descuidados en su madurez espiritual, y por tanto están a merced de los ataques y engaños de Satanás y sus demonios.

Hablando de mi propia experiencia; no hace mucho estuve dando una enseñanza a la congregación que pastoreo, acerca de la manera en que Satanás se infiltra en aquellas cosas que básicamente tienen un especial propósito para engañar. por ejemplo, la cultura, la música, la educación, las modas, y aun en los gobiernos que establecen las leyes. En mi enseñanza, decía que no es cuestión de estar viendo demonios por doquier, pero que no podíamos ignorar que el enemigo es muy astuto, y que usará todo lo que está a su alcance para engañar a los incrédulos, inclusive a los cristianos.

Personalmente no he tenido muchas experiencias con demonios o liberación, pero he tenido algunas. Nunca necesite de que alguien me instruyera cómo reprender y echar fuera demonios, ni asistí a ningún seminario acerca de esto cuando se dio algún caso. Allí estaba el poder de Cristo para respaldarme, por consecuencia de mi unión con Cristo y sometimiento a su autoridad.

Enseñanza acerca del Espíritu

Creo que una enseñanza equilibrada de demonología y cómo opera el reino de las tinieblas siempre puede ser saludable para cualquier congregación. El peligro radica en el énfasis exagerado que se le ha dado en algunos medios cristianos. Por otro lado, la enseñanza de Jesús fue que en su nombre se expulsan los demonios, no que aprendiéramos cómo echarlos fuera. El dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios…” (Marcos 16:17). Es en la autoridad y poder de su nombre, no el nuestro.

El autor del libro dice: “Trabajar con el mundo espiritual generalmente no nos hace ganar respeto o compañerismo, ni siquiera de parte de los demás ministros. En cambio, quizás ellos sean los primeros en fruncir el ceño, o deslizar algún comentario poco favorable sobre un hermano que se atreve a exponer al enemigo. No lo hacen necesariamente porque estén a favor del enemigo, sino porque no comprenden lo serio que es el tema, ni la habilidad y las artimañas del adversario”.3

Creo positivamente que ningún verdadero creyente, conocedor de la Escritura, subestime el poder del enemigo. Sin embargo, también se nos ha dado a autoridad para resistirlo.  Y de que nos critiquen, es algo que siempre ha pasado y va a pasar; no necesariamente de parte de los no creyentes, también de los creyentes. Pasó con Pablo, muchos no lo comprendieron, y otros lo criticaron. Que pase con nosotros no es cosa extraña. Es parte del precio que tenemos que pasar de ser servidores del gran Rey.

Extraído del capítulo 2 del libro Transferencia de Espíritu de Alex W. Ness.

Por Alberto Fonseca, del Programa Pastoral Educativo

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