El testimonio y la Protesta

Libro, CÓMO LLEGAR A SER UN CRISTIANO VERDADERO.

Hemos visto que el evangelio es poder de Dios para salvación. Pero, de hecho, toda verdad es poderosa. La verdad de Dios es mucho más poderosa que las maliciosas mentiras del diablo. Nunca deberíamos temer a la verdad. Ni
necesitamos temer por la verdad, como si su supervivencia fuese incierta.

Pues Dios vela por ella y nunca permitirá que sea suprimida por completo. En palabras de Pablo: «Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad» (2 Co. 13:8). Y en palabras de Juan: «La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella» Un. 1.5). Solzhenitsyn es un pensador cristiano contemporáneo que está convencido de esto. Su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura (1970) se tituló «Una palabra de verdad». En él admite que los escritores carecen de armas materiales como cohetes o tanques. Y se pregunta: «¿Qué puede hacer la literatura frente a la cruel arremetida de la violencia?» En primer lugar, puede negarse «a tomar parte en la mentira». En segundo lugar, los escritores y artistas pueden «derrotar a la mentira». Pues «una palabra de verdad tiene más peso que el resto del mundo. Y sobre este extraordinario quebrantamiento de la ley de conservación de la masa y de la energía».

Todos los cristianos, como su Maestro, son llamados a «dar testimonio a la verdad». Para eso había nacido, según sigue diciendo, y para eso había venido al mundo (Jn. 18.37). La verdad suprema de la que damos testimonio es, por
supuesto, Jesucristo mismo, pues él es la verdad Un. 14.6). Pero toda verdad (científica, bíblica, teológica, moral) es suya y debemos defenderla, afirmarla y abogar por ella con valentía. Aquí es donde cabe la elaboración de una apologética ética, así como la participación en el debate público de la problemática contemporánea. Como cristianos somos llamados a dar testimonio de la ley y el evangelio de Dios sin temor y sin disculpas, desde el púlpito (una plataforma con mucha más influencia de lo que generalmente se cree, especialmente en la formación de la opinión pública), por medio de cartas o artículos en periódicos locales y nacionales, discusiones en el hogar y el trabajo, espacios de radio o televisión, por medio de la poesía y de canciones populares. Es más, lo que es cierto para Jesús lo es también para sus seguidores: el verdadero testigo debe estar preparado para sufrir, y si fuera necesario, aun para morir por su testimonio. Este testimonio tan costoso es la principal arma de aquellos a quienes se les niega un juicio democrático por vivir bajo un régimen opresivo.

En un discurso muy difundido hace alrededor de diez años, Sir Keith Joseph se refirió a la decadencia moral de Gran Bretaña, a las posibilidades de «remoralizar» la nación, y al poder de las ideas, en estos términos: «¿Es que hemos de ser destruidos desde adentro?», se preguntaba, aunque habíamos repelido sucesivos intentos de invasión desde afuera por Felipe de España, Napoleón, el Kaiser y Hitler. «¿Es que nos han de destruir las ideas perversas, obcecadas y socavantes, pero seductoras por estar en boga y porque prometen mucho a un precio muy bajo?» Más adelante en su discurso respondió a sus propias preguntas y exhortó a los oyentes a tomar la ofensiva: «Debemos librar la batalla de las ideas en cada escuela, universidad, publicación, comisión, estudio de televisión, aunque tengamos que luchar en cada uno de estos medios por mantener nuestro punto de apoyo. Tenemos la verdad. Si no la hacemos
resplandecer, seremos tan culpables como los explotadores, los casuistas y los `comerciantes’.»

Junto con el testimonio positivo de la verdad debe ir su contrapartida negativa: la protesta contra la insensatez, la falsedad y la iniquidad. Muchos parecen estar decepcionados del arma de la protesta racional. La movilización pública es un arma eficaz.
Precisamente mientras escribo este capítulo en 1983, he sabido de varios ejemplos recientes.
En primer lugar, antes de las elecciones generales de este año, el ministro del Interior William Whitelaw dio a publicidad los detalles de la Ley de Evidencia Policial y Criminal que se proponía presentar en el Parlamento inglés. De inmediato se levantaron protestas contra el Artículo décimo, que habría otorgado a la policía el derecho de buscar y retener los registros confidenciales de religiosos, médicos y asistentes sociales. Abogados y médicos elevaron una enérgica protesta, y cincuenta y cinco obispos de la Iglesia Anglicana firmaron un recurso. Casi inmediatamente el ministro del Interior anunció la enmienda del artículo.

Junto con el testimonio positivo de la verdad debe ir su contrapartida negativa: la protesta contra la insensatez, la falsedad y la iniquidad. Muchos parecen estar decepcionados del arma de la protesta racional, pero considero
que no deberían estarlo. La movilización pública es un arma eficaz.

En primer lugar, antes de las elecciones generales de este año, el ministro del Interior William Whitelaw dio a publicidad los detalles de la Ley de Evidencia Policial y Criminal que se proponía presentar en el Parlamento inglés. De inmediato se levantaron protestas contra el Artículo décimo, que habría otorgado a la policía el derecho de buscar y retener los registros confidenciales de religiosos, médicos y asistentes sociales. Abogados y médicos elevaron una enérgica protesta, y cincuenta y cinco obispos de la Iglesia Anglicana firmaron un recurso. Casi inmediatamente el ministro del Interior anunció la enmienda del artículo. a la suprema corte del país, la Corte Constitucional Federal de Karlsruhe. La Corte suspendió el censo mediante un interdicto provisional, con el fin de
hacer un estudio profundo de su legalidad. El tercer caso tuvo lugar en julio de 1983 cuando el Concejo Médico de Gran Bretaña, reflejando las políticas del Departamento de Salud y Seguridad Social, emitió una disposición según la cual los médicos debían, si una joven menor de dieciséis años insistiera en que sus padres no fueran notificados de la prescripción de una píldora anticonceptiva o de un aborto. Los médicos que se negaran a acceder a los deseos de la joven probablemente serían sancionados e incluso corrían el riesgo de perder su matrícula profesional. Por cierto, existen circunstancias excepcionales (por ejemplo, una historia de violencia paterna) en que una joven debería tener la posibilidad de confiar en su médico. Pero la resolución general del Concejo Médico, que habría prescindido por completo del derecho al consentimiento de los padres, provocó un movimiento de presión descomunal por parte de médicos, padres y eclesiásticos indignados. En consecuencia el Concejo desistió.

Podríamos multiplicar los ejemplos. Por lo tanto, que nadie diga que la protesta es una pérdida de tiempo y esfuerzo.

Debéis guardar diligentemente los mandamientos del SEÑOR vuestro Dios, y sus testimonios y estatutos que te ha mandado.

Deuteronomio 6:17

 

 

 

 

 

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