¿Qué dice la Biblia sobre la reconciliación? | Parte 2

Continuación de ¿Qué dice la Biblia sobre la reconciliación? | Parte 1

Amar al prójimo

En la Biblia muchas veces se nos pide amar a nuestro prójimo. Como lo muestra el estudio bíblico, nuestro prójimo no es sólo la persona que vive al lado o incluso en el mismo país.

La parábola del Buen Samaritano explica el mandamiento de ‘amar a nuestro prójimo’. Lea Lucas 10:25-37. Jesús insiste en que debemos amarnos mutuamente sin considerar la cultura ni la clase social. Cuando el intérprete de la ley le preguntó a Jesús ‘¿quién es mi prójimo?’, quizás esperaba que Jesús le respondiera ‘tu amigo judío’, pero la respuesta de Jesús fue diferente.
La parábola no nos dice nada sobre el hombre que fue atacado aunque los que estaban escuchando eran judíos y habrían supuesto que dicho hombre era judío. Sin embargo, un sacerdote y un levita, que eran miembros del grupo religioso de Israel en esa época, pasaron al lado del hombre herido. En la época de Jesús, los samaritanos eran despreciados por los judíos. Sin embargo, en la parábola, el samaritano que iba de camino es el que ve al hombre
herido y se compadece de él.

Amar a nuestros enemigos

A menudo es difícil compadecerse de la gente que no conocemos o con la cual nos cuesta relacionarnos. Incluso es más difícil cuando somos odiados o amenazados por aquellos que estamos en condiciones de ayudar. La Biblia es muy clara sobre el tema de cómo tratar a nuestros enemigos.

Mateo 5:43-48. Jesús recomienda a sus oyentes amar a sus enemigos usando el ejemplo de Dios que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. El habla sobre el amor incondicional. La mayor demostración de amor incondicional es la gracia de Dios por medio de Jesucristo quien nos ama a pesar de nuestros pecados.

El pasaje termina con el versículo 48 incentivándonos a buscar la perfección o plenitud – una idea muy parecida a experimentar una unidad total con Dios mediante la paz (shalom). A pesar de que nunca seremos perfectos en esta tierra, debemos tratar de seguir el ejemplo de Dios mostrando su gracia a nuestros enemigos lo que significa alcanzarlos con el amor de Dios a pesar de sus faltas cometidas contra los demás y contra nosotros.

Perdonarse mutuamente

El perdón es un elemento importante de la reconciliación. Para la persona afectada, el perdón significa ‘soltar’ el resentimiento por el dolor que le ha causado. Implica encontrar un alivio en Cristo quien lleva nuestro dolor. La Biblia nos llama muchas veces a perdonarnos mutuamente (por ejemplo, Mateo 6:15, Mateo 18:21-22 y Colosenses 3:13).

Philip Yancey en su libro ‘What’s so Amazing about Grace?’, nos muestra la necesidad del perdón para romper la cadena de la ausencia de gracia que existe en el mundo y que es un estado humano natural, en tanto que el perdón no es un acto natural. Al igual que la gracia, el perdón no es justo y es algo muy difícil de practicar.

Yancey explica por qué debemos perdonar:

  • La gracia y el perdón son parte del carácter de Dios y somos llamados a ser como El.
  • Una de las frases del Padrenuestro es ‘Perdónanos nuestras deudas como también nosotros
    perdonamos a nuestros deudores’ Jesús nos pide que perdonemos en este mundo falto de
    gracia. (Ver también Mateo 18:21-35. La clave de esta parábola es el versículo 33.) Al no
    perdonarnos mutuamente estamos sugiriendo que los demás no merecen el perdón de Dios.
  • El perdón rompe el ciclo del dolor y la culpa. La persona es sanada cuando se libera del
    resentimiento. También existe la posibilidad de que el ofensor sea transformado.

¿Cómo descubrimos que somos capaces de perdonar?

  • Experimentar el perdón de Dios nos ayuda a perdonar a los demás.
  • El perdón no es un acto natural. Por lo tanto, necesitamos la fuerza y la gracia de Dios
    para ser capaces de perdonar a los demás.

La Justicia

¿Qué lugar ocupa la justicia en este principio del perdón? Romanos 12:17-21 nos da una interpretación. Después de leer ese pasaje, Yancey se dio cuenta de que, ‘al perdonar a los demás confío en que Dios es mejor juez que yo. Perdonando me deshago de mi propio derecho a vengarme y dejo todos los problemas de justicia en manos de Dios.

Es importante recordar que al perdonar no se está dispensando un acto malo. Como lo señala Yancey, ‘aunque la falta del ofensor no desaparece cuando perdono, se libera de mi y Dios se hace cargo porque El sabe qué hacer.

Continuando con el pasaje de Romanos, Pablo nos sigue hablando sobre la autoridad que Dios le ha dado a las autoridades de gobierno para proteger la sociedad. Uno de sus roles es castigar al que hace lo malo’ (Romanos 13:4). Por lo tanto, aún cuando una víctima haya perdonado a un ofensor por un crimen cometido, hay un mecanismo para hacer justicia que puede ser útil cuando no hay perdón porque puede detener un ciclo de venganza. Sin embargo, debido a la naturaleza pecaminosa de los seres humanos, no hay ninguna autoridad de gobierno perfecta. No todos los mandatarios son ‘servidores de Dios’ y a menudo hacen mal uso de su poder.

Los sistemas de justicia actuales no reconocen que los crímenes hieren a la gente y además infringen la ley de la tierra. Un creciente número de cristianos argumentan que el objetivo de la justicia debería ser restaurar la relación entre el ofensor y la víctima. Este tipo de justicia se llama ‘justicia restauradora’. Es un intento de personificar el proceso legal. La justicia restauradora considera las necesidades de las víctimas, de las comunidades y de los ofensores para promover la reparación del daño causado por el crimen y establecer la reconciliación.

El perdón y la reconciliación

El perdón da como resultado la reconciliación si la víctima y el ofensor se enfrentan cara a cara y hablan de lo que sienten. Debe haber perdón por parte de la víctima y arrepentimiento de parte del ofensor. La Biblia no deja claro qué viene primero, el perdón o el arrepentimiento, pero generalmente se producen al mismo tiempo.
Cualquiera que se produzca primero, el perdón por parte del ofensor es crucial para romper el ciclo de ausencia de gracia. Es posible que el ofensor no le pida perdón a la víctima primero. Posiblemente ésta primero necesita decirle al ofensor que lo perdona. Luego, la injusticia del perdón puede hacer reflexionar al ofensor sobre sus actos y arrepentirse de lo que ha hecho. Entonces el ofensor y la víctima se pueden juntar para reconciliarse mutuamente.

Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Efesios 4:22

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