¿QUIEN SOY YO?

Para saberlo nosotros no necesitamos empuñar un bate de béisbol o un palo de golf, equipos e instrumentos deportivos, lo que necesitamos es lo que Dios nos ha dado a nosotros. Algunas veces podemos sentirnos restringidos a una zona, una región, un recinto, este fue destinado en habitar con Dios cuando fuimos creados.

Dios fue el diseñador el en todo el contorno de nuestras vidas, para que llenemos un espacio vacío en su rompecabezas. Nosotros podemos encontrar este punto óptimo poniendo nuestras vida en la mano de Jesús, cuando esto se hace se ve agradable todo en la vida. Así como Dios nos llama, nos equipa. Solo necesitamos echarle una mirada retrospectiva a nuestra vida, y ver si hemos hecho las cosas coherentemente bien; y lo que siempre hemos querido hacer, hay que detenernos en la intersección de nuestros deseos y sus éxitos y encontrar la singularidad de la vida, es decir, singularidad (lo que nosotros hacemos) Para hacer de Dios lo primero (por qué lo hacemos) Todos los días de nuestra vida (cuándo lo hacemos). Nuestra vida debe estar influenciada por estos tres elementos que encontramos en el libro: “La cura para la vida Común”. Este punto óptimo nosotros lo encontramos como una trama; con sus años y sus temas. Nosotros podemos hacer ciertas cosas en una forma que nadie más puede hacer. Y cuando la reconozcamos, y las hagamos, otros verán que nuestro punto óptimo se habrá descubierto. Pero necesitamos buscar en nosotros, nuestro diario vivir, la gloria de Dios, el punto optimo (Centro) y nuestros puntos fuertes. El autor menciona que “no debemos dejar que nuestra vida se deteriore por no comprender este punto: Nosotros somos más que una casualidad estadística, más que un matrimonio entre la herencia y la sociedad, más que una confluencia de cromosomas heredados y traumas de la niñez. Más que una veleta andante azotada por los fríos vientos del destino. Gracias a Dios nosotros hemos sido esculpido en algo que a partir de la nada. Dios nunca produce seres humanos en masa o prefabricados. No los forma a la ligera”.  La biblia dice en Apocalipsis 21.5 “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”. Nosotros tenemos la capacidad de hacer algo que nadie más puede en una forma en que ningún otro puede y es explorar y extraer la singularidad de honrar a Dios, quien extenderá su reino hacia nosotros. De modo que cada cual examine su propia conducta; sin tener que presumir, con la ventaja que no tiene que compárese con nadie. (Gálatas 6.4). Nadie puede duplicar nuestra vida. Cada un debemos buscar en la réplica de nuestra historia; pero no la encontramos. Dios la hizo a nuestra la medida. En Isaías. 43.7 dice: «Los he creado, los formé y los hice». En el taller de Dios no existe una caja con el repuesto de nosotros. Porque nosotros no somos un ladrillo más en la pila del albañil, ni un tornillo más en la gaveta del mecánico. ¡nosotros somos quienes somos! Y si no lo fuéramos nunca lo tendríamos. Yo creo que si deseamos cambiar de trabajo debemos examinar las perspectiva sobre la vida. El éxito no lo define una plaza laboral ni una escala salarial sino el rendir al máximo en lo que nosotros mejor sabe hacer. Dios nos ha creado a nosotros para que hagamos lo mismo. Él llenó nuestra lata o hueco vacío de la vida.  Y nos hizo único. Pero no basta con saber lo que Él nos ha dado. Debemos entender para qué nos lo dio y entonces podremos colorear a Cristo y hacer de Él lo primero. Embellecer su rostro en nosotros y debemos adornarlo su imagen. La forma en que nosotros nos relacionamos con el dueño de la casa, esto da color a todo lo hacemos en la vida. Si nos disgusta entonces no odiaremos tanto el trabajo, el hogar inclusive el compañerismo mismo. Pero si confía en Dios, lo adoraremos y recordaremos que nadie más tiene los talentos que Dios nos a dado. Sin embargo Dios nos ha elevado sobre lo común al aparejarnos en la similitud de su capacidad única, dándonos asignaciones hechas a su medida.  El autor menciona que “la vida común nos lleva a un pesebre es decir al niño de Belén. Emanuel, Recordándonos la promesa del ángel? «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo. Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros» (Mateo 1.23). El nombre aparece con la misma forma hebrea con que aparecía dos mil años atrás. «Immanu» quiere decir «con nosotros». «Él» se refiere a Elohim, o Dios. No a «Dios sobre nosotros » ni a «Dios en algún lugar del vecindario». Vino como el Emanuel, «con nosotros-Dios», Dios con nosotros. No «Dios con los ricos» ni «Dios con los religiosos». Sino Dios con nosotros. Todos nosotros. Hispanos, Rusos, alemanes, budistas, mormones, camioneros y taxistas, bibliotecarios. El autor enfatiza, que “Dios con nosotros. Dios está con nosotros. Los profetas no serían suficientes. Los apóstoles no bastarían. Tampoco los ángeles. Dios envió algo más que milagros y mensajes. Se envió a sí mismo; envió a su hijo. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1.14). Él nada en el útero de María. Sonríe sobre la paja irritante del pesebre. Se tambalea aprendiendo a caminar. Salta sobre el lomo del pollino. Dios con nosotros. Él conoce el dolor. Sus hermanos le llamaron loco. Él conoce el hambre. La mitiga comiendo el grano del trigal. Él conoce el agotamiento; por estuvo rendido de sueño, dormita en una barca remecida por la tormenta.  nosotros tenemos un lienzo, el lienzo de lo que Cristo hizo por nosotros. Cristo nos quita el pecado, y al hacerlo, nos despoja de la mediocridad. Ya no tenemos que decir: «Nadie me conoce». Dios nos conoce. Él esculpió el nombre de nosotros en la palmas de sus manos y puso sus lágrimas en nuestra vasija (Isaías 49.16; Salmo 56.8)”.  Los seres humanos sufrimos de una visión distorsionada. No se trata de la visión ocular, distorsión que no puede ser corregida con lentes. El problema es que algunos se tienen una estima demasiado alta o muy baja. Somos dos extremos de una visión distorsionada de sí mismo. El narcisismo y la carencia de autoestima nos impide tener la visión correcta de nosotros mismos para encontrarnos en el justo centro. Pero, ¿Cómo llegar allí? ¿Cómo podemos estabilizar el péndulo de nosotros mismo? Lo único que pueda ayudarnos es: Consejería, Psicoterapia, Autoayuda. Todas estas son actividades aconsejables, pero no pueden compararse con la cura divina para una visión distorsionada de nosotros mismos sin una adoración correcta. Una adoración honesta nos lleva a quitar los ojos de nosotros mismos para fijarlos en Dios. El más famoso líder de adoración de las Escrituras escribió: «Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad» (Salmo 29.1, 2).

En mi opinión, es necesitamos escaparnos o tomar un tiempo para pensar, reflexionar en el propósito de Dios en nuestra vida. Para volver a trazar nuestro rumbo para volver predicar el evangelio con ahínco, trabajar con mas amor y relacionarnos con nuestro compañeros de trabajo, relacionarnos con nuestra familia y los amigos sintiéndonos motivados y permanecer en los pasos de Jesús, donde podamos renovar nuestra mente y cuerpo; con la finalidad ser personas conectadas con Dios y que los seres humanos sean bendecidos en su relacionan con nosotros, cuando estos buscan ayuda emocional, física, y espiritual. Ellos se identificaran con nosotros dependiendo el grado de consagración y ejemplo que vean en nosotros, y que realmente Dios vive en nosotros así como los discípulos se sentían motivados por seguir a Jesús, también esto, lo verán en nosotros, aunque no lo expresemos en palabras, los hechos lo dejaran ver en si mismo.

 

Antonio Encarnación 

Resumen y Aplicación practica del libro “Cura para la Vida Común” Max Lucado.

 

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