“Si Jesús fuese Alcalde”

En el libro: “Si Jesús fuese Alcalde” de Bob Moffitt, presenta la forma magistral y concisa lo que pude ser la iglesia de Jesucristo, si ésta llevase a cabo la agenda de Dios en el mundo en su totalidad. La iglesia está llamada a ser un agente de transformación y cambio en medio de las comunidades donde se desempeña pese a las circunstancias adversas que pudiere confrontar.

El autor como un modo de introducción comienza relatando su propia historia de cómo él se encontró en una travesía que literalmente le llevaría a un largo viaje de nuevos descubrimientos espirituales. Descubrió que Dios tiene una agenda para operar en el mundo muy distinto del modo que la iglesia lo ha entendido tradicionalmente. Se dio cuenta que el evangelio de Jesucristo se trata de algo más que proclamarlo con palabras, debe demostrarse con acción. Entendió que la iglesia necesitaba involucrarse en las necesidades de las comunidades no importando dónde se encontrara, si realmente iba ganar a las gentes para Cristo.

Relata cómo se enroló por dos años con el Cuerpo de Paz en Malawi, África. Estando en África se dio cuenta que los misioneros que allí habían estado aunque habían hecho un buen trabajo con las comunidades realmente no habían sido cambiadas. Cuando hubo terminado su servicio con el Cuerpo de Paz, cuenta y cito sus propias palabras: “Después de mi servicio con el Cuerpo de Paz comencé lo que fue una búsqueda de casi dos años para entender las misiones y mi papel en ellas. Viaje en motocicleta a través de casi toda África subecuatorial, donde conocí y pase tiempo con muchos misioneros. En este viaje conocí a dos jóvenes africanos, los cuales se han convertido en mis hermanos de toda la vida. Ellos ahora son líderes cristianos en sus propios países”

Su estadía en el seminario fue muy confortante, ya que él dice que el seminario animaba a los estudiantes a involucrarse en el ministerio a la comunidad y con la pasión que le caracterizaba se puso en acción inmediatamente; organizando un programa nuevo para proveer asesores para jóvenes infractores de la ley en lo cual tuvieron bastante éxito, pero querían que iglesias locales se involucrasen en esta tarea, pero tuvieron muy pocas respuestas. Esto lo entristeció y como el mismo relata y cito: “Tratamos desesperadamente de involucrar creyentes de las iglesias pero con poco resultado. La necesidad era tan grande que, en contra de nuestro deseo, aceptamos estudiantes no cristianos que nos rogaban poder participar. Nuestro programa creció y se convirtió en un modelo nacional, debido principalmente a que personas no creyentes estaban dispuestas a dar apoyo y amistad a jóvenes necesitados”.

A pesar de este tremendo éxito, el autor cuenta que estaba profundamente desilusionado con la iglesia y confiesa que no quería ver nada con personas que hablaban de amor pero que no querían ayudar a jóvenes con problemas. Y dice que llegó hasta sentir ira contra la iglesia hasta que escuchó al Señor hablarle, y cito lo que el autor escribe: “En medio de mi ira y frustración, Dios me habló. Por medio de la palabra y la oración me dijo: “Bob esta es mi iglesia, mi novia. Aun con todos sus defectos, yo la amo y di mi vida por ella. Hasta que no la ames con mi amor no podré usarte para ayudarla a convertirse en lo que intento que ella sea”.

Esto lo llevo a cambiar su posición y sus sentimientos en cuanto a la iglesia. Y se dio cuenta que su misión era ayudar a la iglesia a reclamar su herencia. Con esto en mente se unió a la Fundación contra el hambre. Más tarde, en 1981 fundó una fundación con el nombre de Harvest. Con esta fundación se asociaron muchas sociedades de iglesias, organizaciones cristianas, entre otras que pudieron llevar a cabo una obra monumental. Pero enfrentaron dificultades cuando los que se habían involucrado en esta magna obra, sus líderes comenzaron a competir entre ellos mismos por el control del dinero que les llegaba de la iglesia asociada en Norte América. A raíz de este problema surgieron muchos otros conflictos, que llevo Bob y la directiva y todo el equipo de Harvest en 1981, a buscar al Señor en oración para que les diera dirección. Y Dios le contestó. Y cito lo que el relata al respecto: “Nuestro enfoque sería la iglesia local, no otras organizaciones, y empezamos a alejarnos de proyectos basados en recursos fuera de la comunidad. Comenzamos a concentrarnos en entrenar a los líderes de las iglesias locales y sus congregaciones, acerca del mandato bíblico de manifestar su fe en palabra y acción, comenzando con los recursos locales”.

Con renovadas fuerzas, y fervoroso espíritu él y todo el equipo de Harvest pusieron mano a la obra y comenzaron un trabajo con las iglesias locales de cinco países de América Latina y del Caribe, con resultados emocionantes. El trabajo trajo como resultado una buena cosecha de almas, que llegaron al conocimiento de Cristo por la demostración de amor de la iglesia.

Su labor a favor de la iglesia continúo con grandes logros. La fundación Harvest por invitación de la fundación “Juventud con una misión” (JUCUM) entrenaron a sus estudiantes enrolados en el desarrollo comunitario. Y así sucesivamente a través de los años colaboraron con diferentes organizaciones en pro del bienestar de las comunidades alrededor del mundo.

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Por: Alberto Fonseca

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