Testimonio de Gratitud

Cuando todo se derrumba, la educación alumbra la vida

Es cierto que todos los seres humanos atravesamos por diferentes circunstancias y problemas a lo largo de la vida. Servirle a Dios en el ministerio, no importando el área donde uno se desarrolle, como la pastoral, diaconal, o de liderazgo, nunca uno esta exento de problemas. Siguiendo esta naturaleza inherente a los seres humanos, donde uno siempre se preocupa y se ocupa de los requerimientos de la vida como lo es la alimentación, la manutención de la familia, los gastos de la casa, y todo lo referente a la responsabilidad adquirida con Dios y con la sociedad, implican una mayor carga emocional y espiritual, que la mayoría de las veces no somos capaces de mantenernos en pie debido a nuestra condición limitante.
Por medio de estas líneas compartiré brevemente, el efecto devastador en la vida del ser humano al cargar demasiado algo fuera de nuestro alcance. Así mismo, ilustrare que en los momentos de mayor angustia y zozobra, siempre Dios provee una salida de excelencia, en su tiempo, y mayor aun, fuera de nuestro propio concepto o filosofía. Dicho de otro modo, la solución que mencionare, tal vez en términos de consejería o dirección sobre como superar el
estrés no seria la primera opción, pero es Dios quien conoce a cada individuo y ministra a cada uno según su necesidad.
La historia comienza con un reto de fe, donde un grupo de hermanos y hermanas del otro lado de la frontera me invitan a compartir un mensaje de aliento. Uno nunca puede llegar a ver el cuadro completo de la voluntad de Dios. Algo que uno aprende cuando Dios le llama al
ministerio es la obediencia y sometimiento a El sin cuestionar su decisión o deseo. Así fue como se decidió aceptar el reto de vivir en Estados Unidos y pastorear una iglesia en México. Desde el principio, amigos y familiares, argumentaban que era algo imposible, obviamente refiriendo al factor económico, y por supuesto al desgaste físico.
Dios fue bueno en muchas maneras durante el desarrollo del ministerio pastoral en Ciudad Juárez. Permitió que la congregación llegara a crecer en cantidad y espiritualidad. El inicio fue con un grupo de 30-35 personas, las cuales era inconsistentes y sin un sentido real de compromiso. Después de tres años de servir en esa comunidad, el crecimiento fue exponencial.
El grupo llego a crecer hasta casi 150 de asistencia, se abrieron dos nuevas congregaciones, se establecieron un grupo de pastores en la iglesia local y se suplió de pastores a dos congregaciones locales.  Aun mas, Dios permitió tener un liderazgo efectivo, pues de la iglesia
local salieron los lideres de convención regional en el área juvenil, administrativa y la dirección ejecutiva general de la denominación.
Por el contrario ese fue el aspecto positive y solo un lado de la realidad. La única manera de aprender es cometiendo, lo cual uno no quisiera, errores. La carga de trabajo ministerial comenzó siendo algo fácil de sostener pero después se convirtió en un exceso en ir y venir de un país a otro, tomando largo tiempo en los cruces internacionales, el tiempo de invertir en la congregación, no solamente en entrenar y preparar a los lideres para la obra del ministerio, sino pensando que uno como líder es necesario e indispensable estar siempre presente. En el mismo sentido, uno debe cumplir la responsabilidad como padre y proveedor del hogar con un sustento económico y teniendo lo suficiente en alimentación, ropa y medicinas. De pronto, me vi
trabajando en la congregación, mas dos trabajos seculares y como profesor de un instituto bíblico. Solo como dato adicional, fui director de un seminario en Juárez, lo cual no soluciono el problema, creo que lo agravo, pero uno en ese instante se siente feliz y capaz de ganarse el cielo. La historia incluye su momento de clímax, cuando el cuerpo humano empieza a decir en voz alta: “ya no puedo mas”. Uno se da cuenta y recurre a medicinas, vitaminas y un poco de Descanso, pensando que con eso uno puede seguir adelante. Aun tengo presente el momento durante una salida de evangelización en la colonia. Las piernas no me respondieron y mi aparato psicomotriz empezó a correr lento. Estaba en un estado catatónico, consciente de lo que estaba ocurriendo a mi cuerpo, pero mi mente seguía trabajando. Esa fue la primera vez. Después vinieron episodios mas dramáticos al punto tal de no poder ni siquiera estar de pie para predicar. Estaba haciendo un sobre esfuerzo y minando mis reservas en mi propio cuerpo. Claro que uno les dice a los demás que nuestro cuerpo es templo del Espíritu, pero no te das cuenta que tu estas
destruyendo tu propio templo.
Finalmente, regrese con mi medico de cabecera para darme su diagnostico. Creía al principio que tenia una enfermedad mental, o algún problema serio de salud. Bueno, realmente si era eso, denominado “agotamiento excesivo de trabajo por un periodo prolongado de tiempo” el cual podía conducir a unas vacaciones en la zona de Descanso eterno. No lo podía creer, este era mi mejor momento, además estaba estudiando la Maestría en la Universidad Cristiana Logos. Todo parecía derrumbarse y esfumarse abrumadoramente. Venían a mi mente diferentes pensamientos tratando de encontrar una posible y rápida solución. No podía pensar en dejar la iglesia, ni dejar de ser maestro de Biblia, tal vez el trabajo secular podía hacerlo a un lado, y los estudios claro que podían esperar.
Tarde o temprano, uno despierta y se da cuenta que seguir o mirar a Dios debe ser de frente y con la claridad y discernimiento para no desviarse de su voluntad. Parecía que lo había seguido a ciegas y de oídas. Tome un Descanso de dos semanas obligado para recuperarme. Me aislé de la iglesia, todavía estaba enseñando y continuaba con los estudios de maestría. Claro, que las dos semanas fueron nada en comparación a lo débil que estaba mi organismo. Recibía ponderosas vitaminas las cuales me levantaban por un corto periodo de tiempo pero nada. Literalmente me encontré en el fondo, cayendo hasta lo mas profundo y sin tener la energía o Fortaleza de levantarme. Empecé a pensar y planear mi testamento y dejar todas las cosas en orden. Era casi imposible poder superar esto. Ahora me daba cuenta que la vida es corta y que uno debe vivir con sabiduría.
Lo que viene después son efectos de una reacción en cadena que nadie podía parar, por lo menos uno como ser humano. Ore, pregunte a amigos, pastores, busque consejo y todos decían lo mismo: deja la iglesia. Después de tener un tiempo de debate con Dios entendí que la iglesia estaba lista, preparada, con un liderazgo solido y que podía dejar que ellos siguieran solos con el cuerpo de pastores que ya tenían. Digamos que la decisión ya había sido tomada en el pasado
pero que la determinación y el coraje para hacerla valida se habían dejado de lado. Deje el trabajo como profesor del instituto después de terminar la materia. Los trabajos seculares también termine el semestre o mes, no recuerdo bien pero renuncie a ellos y por supuesto la iglesia. Ese día fue crucial y dramático, apenas si podía levantarme para decir una palabra y después me tomaba horas para recuperarme.
La siguiente etapa de mi vida, le denomino “ajuste”. Cuando los carros empiezan a tener problemas en cualquiera de sus partes, requieren una afinación, la cual dependiendo del nivel de dificultad tomara tiempo para ajustarse. Así fue conmigo, pasaba largas horas acostado en cama, mientras mi esposa, la ayuda idónea que Dios me dio, tomaba la responsabilidad del hogar. Ella nunca dejo de apoyarme y pedir a Dios que me restaurara. Mis hijos, Benjamín y Karen también
Dios los uso para darme animo y apoyarme en los momentos difíciles. Hasta ese momento había abandonado todo y estaba en el “limbo” por así decirlo. No! no es cierto, lo único que no había sentido que debía dejar fue los estudios de la Universidad logos. Una parte de mi me decía que los abandonara, al cabo no tenia trabajo, dinero, y ni fuerzas físicas para continuar. Los primeros tres meses fue un tiempo donde tuve que reconocer que estaba equivocado en mi manera de hacer las cosas. Le pedí perdón a Dios y comencé a leer su palabra, a orar y a prepararme espiritualmente. Aunque el cuerpo estaba deteriorado, entendía que debía cuidar mi espíritu y alma porque es cuando vienen las crisis y debilidades tratando de sucumbir ante las
tentaciones. Dios limpio mi conciencia, Corazón, y me dio una clara visión de lo que tenia que hacer.
El exceso prolongado de trabajo por casi tres años estaba dando su fruto. Sin embargo note que aunque mi cuerpo no respondía, la mente estaba lucida y seguía trabajando sin poder desenchufarse o apagarse. Tuve varias crisis severas que ameritaron la asistencia del 911 así como de medicinas controladas y salidas fuera de la casa. Literalmente mi vida giraba en torno a mi cuarto de estudio. Solo tenia libros, Biblias, y nada mas. Nunca me imagine que las clases de
la Universidad aparte de proveerme conocimiento y destrezas para el ministerio, también me dio fuerzas para volver a vivir.
Este periodo lo llamo, la “restauración en el Espíritu”. Dios me enseño como nunca antes a dejar todo en sus manos, durante mas de seis meses el proveyó para nuestra familia, ya que no tenia ninguna entrada económica ni trabajo ministerial o secular. También los profesores de la Universidad Logos con cada clase estaban siendo usados por Dios para restaurar mi mente, Corazón, alma y espíritu con la manera adecuada de hacer las cosas. Fue un entrenamiento
intensivo para mi, como estar en el desierto y los cuarenta días de dolor, sufrimiento, perdida al final se volcaron en la mejor parte de mi vida. Cada clase era lo que me impulsaba en esos momentos a seguir viviendo, a no desistir de la vida. Mis pasos eran lentos, había bajado mas de peso, casi sentía la piel fuera de mis huesos.
Dios es grande y bueno en extremo, pues no solo me salvo y dio la vida eternal, sino ha tenido cuidado de mi propia salud y me da una nueva oportunidad para hacer su voluntad descansando en sus promesas. El tiempo de El es preciso, exacto, por algo la Biblia le da el
adjetivo de “cronos”. No antes ni después, así fue conmigo. Profesores como José Stacey, Samuel de Jesús, José Liendo, Héctor Araya, Marco Nieto fueron los instrumentos precisos para restaurarme durante el periodo de tribulación de mi vida. Palabras de Karin Yunda, Marylin Sejuela, Ingrid, Rodrigo Sanchez, y el director Dr. Roberto Sanchez fueron y han sido el bálsamo
que curo mis heridas.
Un día mi cuerpo después de haber estado en el taller empezó a responder, claro lento pero recobrando la Fortaleza. Casi sin darme cuenta, empezaba a sentir el Espíritu de Dios fluyendo en mi ser, dándome la poder para testificar, para proclamar, para hacer discípulos. Lo que aprendí de las clases en la maestría fue que la consejería no se aplica solamente al campo de consejero-miembro o cliente, también uno que esta absorto en el ministerio terminando siendo un paciente en diferente grado de enfermedad. Muchos de los profesores hacen énfasis de usar las capacidades que Dios nos ha dado en una manera de aporte al cuerpo de Cristo. Es decir, uno
hace su parte pero debe multiplicarse y reproducirse en los demás.
Esa fue la parte que había olvidado. Ahora por la gracia de Dios, tengo vida, salud y un motivo claro de porque Dios me ha dejado en este lugar. Debo cumplir con la gran comisión de hacer discípulos usando los dones que El me ha dado. Entiendo que con los estudios de consejería tengo mas posibilidades de llegar a otros niveles que nunca antes me hubiera imaginado que Dios me llevaría. Me siento con una mayor seguridad y destreza que antes. Sin embargo, no confió en mi propia capacidad. Se que Dios uso grandemente la Universidad para sacarme de mi situación de desgaste físico y emocional. Estoy agradecido con la Universidad por sus enseñanzas y mentoria y guianza a mi vida. Sin embargo, todo el conocimiento académico, destrezas y habilidades que tengo es por la gracia de Dios. Ahora estoy convencido que debo terminar esta etapa de preparación académica en la Universidad concluyendo con el doctorado en consejería. Al final mi propósito es hacer discípulos en el contexto secular donde Dios me ha llevado. Dios ha abierto una puerta de oportunidad y he empezado a colaborar como maestro
sustituto en la escuela de mis hijos. Ha sido una manera tan sorprendente en la cual Dios se mueve y solo deseo seguir cerca de su voluntad. No busco depender del trabajo ni empezar a buscar otro trabajo que provea para nuestras necesidades pues se que Dios siempre tiene cuidado de sus hijos. Al contrario, parece que he
hallado gracia con los profesores y directores de la escuela y hay una posibilidad de trabajar como consejero escolar. Estoy emocionado por la idea de poder compartir principios eternos a jóvenes de high school que están viviendo momentos críticos y no cuentan con una clara dirección para el futuro de sus vidas. Mas allá de lo ocurrido, la bendición de la Universidad llego en primer lugar con mi familia, pues mi matrimonio es mas estable, saludable y por la gracia de Dios, un modelo a otras parejas. En el ámbito como padre, Dios me esta permitiendo modelar a mis hijos la manera correcta haciendo a un lado lo toxico que esta en nuestra sociedad. Ellos están siendo preparados para enfrentar el mundo que les rodea. Todavía mas fue la bendición que Dios me ha permitido regresar a la iglesia en Juárez, solo para compartir en algunas ocasiones conferencias sobre
depresión, liderazgo, y consejería. Tuvimos la oportunidad de preparar a una congregación en Nuevo México en el discipulado y el evangelismo digital. Finalmente en la ciudad, Dios nos ha usado para enseñar la Teología de la Adoración, conferencias sobre Codependencia, y proveer a miembros y parejas una correcta consejería matrimonial como aspectos inherentes al desarrollo
del ser humano, en especifico los niños y los adolescentes.
Es mi sincero deseo que Dios continúe bendiciendo a cada miembro de la facultad de la Universidad, a los miembros del staff, directivos, personal administrativo y su director general. Sigan adelante con la preparación de hombres y mujeres que tenemos el deseo que servir mejor al Rey de Reyes y Señor de Señores. Les animo a continuar con su labor no solamente docente, sino también de mentoria y coaching, y con la seguridad que Dios se mueve en manera misteriosas en la vida de sus estudiantes. Yo soy un ejemplo vivo que la Universidad fue un apoyo importante en mi vida y me saco de la crisis mas compleja que haya jamás enfrentado. Dios me permita seguir aprendiendo de ustedes con todo mi Corazón, espíritu, alma y cuerpo.

Fraternalmente
Rev. Jorge E. Orozco
Estudiante de Maestría en Consejería Cristiana
Feliz año Nuevo 2015

 

 

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3 Replies to “Testimonio de Gratitud”

  1. Wow poderoso testimonio amo los estudios de la palabra de nuestro Dios por que entre mas lo conozco ms lo amo y porque su palabra es medicina para nuestro cuerpo,alma y espíritu muchas gracias reverendo Jorge por compartir este poderoso testimonio que revela la fidelidad de nuestro Abba Shalom.

  2. Hermoso testimonio!!! Habló a mi corazón. Muchas veces pasamos el desierto y otras veces , como dice mi esposo, es necesario bajar a Egipto. Pero que grande es Dios que en su gracia y misericordia cuida de nosotros y jamás nos deja.

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