Un Espíritu Cerrado

No resolver un problema de enojo en la familia puede ser lo más destructivo que pueda suceder en cualquier institución. El enojo es una emoción humana muy “normal” pero que puede ser muy devastadora en la relación, pero cuando ese enojo esta dentro de una persona o pareja matrimonial, éste actúa como una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento. Jesús se enojó, pero ese enojo fue para traer corrección, no destrucción, de ninguna manera.

 El enojo es destructivo, pero podemos tratar con él, especialmente en aquellos casos que parece humanamente imposible de solucionar. Vivir constantemente en discordia con los demás no es lo más conveniente.

Tenemos que buscarle solución a nuestro enojo. Tenemos que sacar el pecado de enojo mal sano de nuestros hogares. Un enojo mal sano es un enojo egoísta, con una emoción negativa que sentimos cuando una persona una situación no satisface nuestras necesidades, bloquean nuestros objetivos y no llenan nuestras expectativas.

Nosotros tenemos que ponerle fin al enojo malsano en nuestra vida, porque éste carcome la salud del individuo. Cuando esta trata de detener los sentimientos negativos contra otros, en el cerebro se pueden producir una serie de eventos que nos haría bien evitarlos. Cuando una persona se enoja, su cuerpo se pone en estado de alerta. El enojo no solo afecta nuestra salud, sino que éste nos hace permanecer en tinieblas, cuando se trata de amar a Dios y a los demás. Tenemos que propiciar la ventana de la comunicación y de esa manera destruir los sentimientos negativos.

Los seres humanos son espíritu, que tiene un alma y esto mora en un cuerpo, la cual nos ponen en contacto con el medio exterior.

 Cinco Actitudes para Reabrir el Espíritu de una Persona.

 Primero: Ser suave y tierno con la persona. PR. 15:1dice “La blanda respuesta quita la ira”.

 Segundo: Comprometer lo más posible, como se siente la otra persona (recuerda que debes escuchar lo que te dicen, en lugar de reaccionar a las palabras que han usado).

 Tercero: Reconocer que la persona está herida y asegurarnos de admitir cualquier culpa nuestra que haya causado el enojo.

 Cuarto: Tocar con ternura a otra persona.

 Quinto: Buscar el perdón y entonces esperar una respuesta.

 Por: Ignacio Torres

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