3 preguntas para ayudar que tu matrimonio crezca

Matrimonio

Si algo mi esposa y yo hemos aprendido de nuestro matrimonio a estas alturas, es cómo pecar el uno contra el otro. Sabemos cómo modular nuestra voz, cómo mirarnos el uno al otro de forma que duela, y qué palabras usar para crear un impacto mayor. Nuestro matrimonio ha revelado más sobre nosotros mismos, en nuestro pecado, de lo que nosotros mismos conocíamos.

También sabemos cómo hacernos felices el uno al otro. Sabemos cómo hacer la vida más fácil y cómo servirnos mejor el uno al otro. Y seguimos aprendiendo. Que alguien que me conoce por lo que soy me continúe amando es un acto de pura gracia. Ser una sola carne es un desafío maravilloso. Sin la ayuda del Espíritu Santo, no estoy seguro de que estuviéramos casados aún.

En una de nuestras crisis, mi esposa y yo llamamos a un amigo para que nos ayudara a diagnosticar nuestro problema. Se necesitó toda una cena discutiendo tres preguntas para empezar a desenrollar los inexplicables puntos de estancamiento de nuestra relación. Quizás compartir estas tres preguntas dará a otros herramientas prácticas para ayudarles a fortalecer sus matrimonios como hizo con el nuestro.

1. ¿Qué es lo que hace que sea difícil vivir contigo?

Todos tenemos rasgos de personalidad o preferencias que no son pecados, pero que pueden convertirnos en personas difíciles de agradar. Esto se agrava cuando tenemos que vivir con alguien que no puede escapar a nuestra idiosincrasia.

Cuando contesté a esta pregunta, lo primero que puse en la lista fue: “pierdo mis cosas y nunca puedo encontrarlas”. Dos horas después de decir esto, mi esposa y yo volvimos al vehículo alquilado, y, cuando metí la mano en el bolsillo para tomar las llaves, no había nada. Para mi muy organizada esposa, esto es algo más que una molestia. Tuvimos que caminar dos millas de vuelta al hotel en medio de la oscuridad. Ella tuvo gracia.

Aquellos que mejor me conocen saben de algunas de estas debilidades; mi esposa las conoce todas. Vivir con alguien hace que inevitablemente se expongan nuestros defectos. El orgullo nos dice que somos buenos en todo, que nosotros no somos el problema, sino que es nuestro cónyuge el que tiene todas las debilidades. Ten cuidado: Dios se opone a la gente así (Pr. 16:5Stg. 4:6). El amor no es arrogante (1 Co. 13:4).

La humildad nos permite ser conscientes de cómo ponemos las cosas difíciles a nuestro cónyuge. También nos permite servirle mejor, reduce las oportunidades de que se generen malos entendidos, y hace que ella se sienta escuchada y cuidada. Confesar aquellas debilidades que no son pecado permite que tengamos expectativas sanas, ya que el otro sabe que te conoces a ti mismo y deseas crecer. También me ayuda como esposo a amar a mi esposa como a mí mismo (Ef. 5:33). Ahora sé las cosas que le resultan difíciles a ella.

2. ¿Cómo pecas contra tu cónyuge?

Llegamos ahora al centro del asunto: el reconocer la forma en que el pecado está gobernando tu corazón. Jesús nos enseñó que: “Lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias” (Mt. 15:18-19). Tu cónyuge no es quien te hace pecar. Tú pecas sin su ayuda. Como argumenta Santiago, son tus deseos no satisfechos los que te mueven, y cuando no son satisfechos, peleas y luchas (Stg. 4:2).

 

Por tanto, debemos arrastrar nuestros pecados a la luz. Mi esposa una vez me dijo que era muy bueno diciendo que soy pecador y terrible a la hora de nombrar un pecado específico. Ella tenía razón. Llamar al pecado por su nombre, y no solo decir que eres un pecador por naturaleza, es arrojar luz sobre tu pecado (1 Jn. 1:7).

Considera al necio de Proverbios conforme piensas en tu vida. El necio:

  • Está convencido de que está en lo correcto (Pr. 12:15)
  • Muestra rápidamente su enojo (Pr. 12:16)
  • Es arrogante y descuidado (Pr. 14:16)
  • Rechaza la disciplina y la corrección (Pr. 15:5)
  • Malgasta el dinero (Pr. 17:16)
  • Se deleita en dar a conocer sus propias opiniones (Pr. 18:2)
  • Es rápido para entrar en discusión (Pr. 20:3)
  • Desprecia la sabiduría (Pr. 23:9)
  • Es sabio a sus propios ojos (Pr. 26:5)
  • Confía en sí mismo (Pr. 28:26)
  • Se enoja y se ríe, y no hay descanso estando con él (Pr. 29:9)
  • Da rienda suelta a su ira (Pr. 29:11)

Puedes citar a Pablo: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero” (1 Ti. 1:15). Puedes decir: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Lc. 18:38). Pero ¿puedes nombrar tu pecado?

3. ¿Qué puedes hacer para mejorar tu matrimonio?

Después de casi cualquier reunión que dirijo me gusta dar puntos de acción basados en lo que hablamos. Todos nos ponemos de acuerdo en ellos, acordando así en lo que se habló y en cómo avanzar.

Como esposo, una cosa es decir de forma general que amaré a mi esposa como Cristo amó a la iglesia, pero, ¿cómo puedo hacer esto de forma práctica? Una cosa es decir que glorificaremos a Dios en nuestro matrimonio, que nuestro matrimonio ha sido creado por Cristo para su gloria (Col. 1:16), que no queremos conformarnos al patrón del mundo (Ro. 12:1-2), o que no queremos dar rienda suelta a la naturaleza pecaminosa (Gá. 5:13). Es bueno decir todas estas cosas. Pero es completamente distinto que ambos esposos aclaren qué implica esto exactamente.

 

Quizás pueda tratarse de un esfuerzo conjunto en no dejar todo fuera de lugar, o un compromiso para pasar por alto las debilidades. Quizás es un compromiso de confesar el pecado con regularidad los unos a los otros, aún delante de tus hijos. Quizás te comprometas a hacer preguntas, o a afirmar a tu cónyuge más de lo que lo criticas. Puede ser que se trate de pedir a un amigo cercano que audite tu matrimonio.

Casados para glorificar a Dios

No tienes que responder completamente estas preguntas para comenzar a realizar un progreso real con tu cónyuge. Tres respuestas a cada pregunta es un comienzo manejable. Cuando respondas esas preguntas y las compartas con tu cónyuge, toma un tiempo para discutir si están de acuerdo. ¿Tu lista de cosas que hacen que seas una persona difícil de convivir se alinean con lo que tu cónyuge diría de ti? Si tú dices que pierdes cosas pero tu cónyuge responde: “eso no me molesta en absoluto”, entonces puede que no estés entendiendo a tu cónyuge.

El objetivo de todo esto es que tu matrimonio glorifique a Dios: que los esposos reflejen con más claridad el amor que Cristo tiene por su pueblo (Ef. 5:25), y que las esposas se sometan con gozo y respeten a sus esposos (Ef. 5:2433). Los matrimonios centrados en el evangelio no son perfectos. Incluyen dependencia de Dios mientras se reconocen las debilidades, se confiesan el pecado, y se ofrecen perdón mutuo. Por tanto, a medida que hablan sobre estas preguntas, recuerda el compromiso de Dios contigo, con tu cónyuge, y con tu matrimonio.

 

Este artículo fue escrito por Darren Carlson , y fue publicado originalmente en Coalición por el Evangelio. Para más artículos y contenidos como este, visita www.coalicionporelevangelio.org

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