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Los Reformadores: Hombres de Valor

«En las iglesias protestantes tenemos muy presente a Martín Lutero, pero pocas veces se conocen a otros reformadores que también lucharon por una reforma en la iglesia. Este es el caso de Juan Huss, reformador que fue quemado en la hoguera en 1415, un siglo antes (XV) de la reforma de Lutero.

 

“Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483” (Vidal, 2016, pág. 59) en Eisleben, Alemania. Desde joven, estudió y se preparó para ser monje, aunque sus padres inicialmente querían que fuera abogado. Sin embargo, Lutero decidió dedicarse a la vida eclesiástica. Su dedicación y estudio lo llevaron a destacarse sobre los demás, por lo que le recomendaron realizar estudios teológicos superiores. Al concluir sus estudios en Wittenberg, Lutero regresó a Erfurt para dedicarse a la docencia por un tiempo. En un viaje a Roma, Lutero, quien inicialmente iba emocionado por visitar la “ciudad central” del cristianismo, experimentó una gran desilusión: “La ciudad no parecía destacar precisamente por su piedad sino más bien por su materialismo y depravación moral. Lutero señalaría con posterioridad que nunca hubiera podido creer que el papado era tal abominación de no haberlo visto por mí mismo en la corte de Roma” (Vidal, 2016, pág. 65). Por esta razón, Lutero decidió graduarse de Doctor en Teología a los 28 años, tomando la decisión de dedicar su vida al estudio y defensa de la Biblia, así como a luchar contra las falsas doctrinas.

A pesar de sus estudios y de su vida académica y eclesiástica, Lutero no tenía paz ni sentía seguridad en su salvación. Él mismo declaró: “Fui un buen monje, y cumplí estrictamente con mi orden, de tal manera que podría decir que si la vida monástica pudiera llevar a un hombre al cielo, yo habría entrado” (Vidal, 2016, pág. 67). Lutero entendió que no eran suficientes las obras, ni todo su servicio, ni seguir los dogmas y tradiciones, ni las confesiones, penitencias o incluso el bautismo. Había algo más que necesitaba para tener esa paz y seguridad de salvación.

 

“Lutero formuló las preguntas correctas: ‘¿Cómo puedo salvarme siendo Dios justo y yo injusto?’ y recibió las respuestas correctas” (Vidal, 2016, pág. 71). En el evento conocido como la «experiencia de la torre», Lutero fue confrontado por las Escrituras mientras estudiaba el libro de Romanos, donde Dios le reveló la justicia que es por la fe. Esta revelación provocó el inicio de su movimiento reformador, el cual Dios usó para inspirar a más hombres en distintos países y llevar a cabo la Reforma.

Lutero no fue el único que Dios usó para reformar su iglesia. Podemos ver a más reformadores como Ulrico Zuinglio, en Suiza, quien compartía la mayoría de las ideas teológicas de Lutero, aunque tenían una diferencia respecto a la eucaristía o cena del Señor. También está Juan Calvino, reformador francés cuya reforma impactó a muchos países de Europa. Su obra «La Institución de la Religión Cristiana» (Institutio Christianae Religionis, 1536), que tenía como objetivo ser un resumen de la fe cristiana desde la perspectiva protestante, fue revolucionaria. Comenzó siendo un libro de bolsillo y, para el año 1560, se había convertido en cuatro libros con un total de ochenta capítulos.

 

La formación de la Iglesia de Inglaterra, denominada la Iglesia Anglicana, tuvo su origen en los hechos del monarca Enrique VIII, cuando solicitó al papa la anulación de su matrimonio y este se negó. Enrique VIII no le dio importancia y se volvió a casar. En respuesta, el papa lo excomulgó y Enrique VIII convocó al Parlamento para promover un cisma: “Mediante tres actas votadas por el Parlamento, el rey neutralizó el cisma y en el verano de 1535 decapitó a John Fisher y a Tomás Moro, que se habían negado a plegarse a sus órdenes” (Vidal, 2016, pág. 207). Aunque con esto Enrique VIII no se convirtió en protestante, sí mantuvieron ciertos dogmas católicos, pero ya no bajo la autoridad del Papa» (Rivera, 17 de abril de 2024, pp. 6,9).

Los reformadores fueron apasionados en su propósito de centrar nuevamente el cristianismo en la Palabra de Dios y la fe en Cristo, alejándolo de las tradiciones humanas que habían desviado su enfoque. Lejos de ser perfectos, estos hombres eran dedicados y estudiosos, y hoy debemos apreciar su legado. Su esfuerzo y sacrificio nos recuerdan la importancia de la verdad bíblica y el valor de mantenernos firmes en nuestra fe.

 

Referencias Bibliográficas

  1. Apuntes del Profesor José Juan Sosa Morales.
  2. Rivera, J. (17 de abril de 2024). Resumen del libro El Legado de la Reforma. Curso MOODLE -HCH301 Reforma y Avivamiento- Universidad Cristiana Logos -UCL-

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