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SOS, una alerta para el alma

¿Alguna vez te has preguntado lo que significa «SOS»? Sabes que se trata de una señal de emergencia, pero posiblemente no seas consciente de que muchas veces se ha relacionado popularmente con la frase en inglés Save Our Souls, que quiere decir «Salva nuestras almas».

Más allá de su verdadero origen como señal de auxilio, la expresión resulta muy apropiada para pensar en una realidad que solemos pasar por alto: nuestra alma y su destino eterno.

En Marcos 8:36-37, leemos:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Marcos 8:36-37, RV1960).

Estas preguntas de Jesús tienen una fuerza especial porque ponen frente a nosotros una realidad que fácilmente podemos ignorar. Vivimos ocupados en conseguir, producir, avanzar, alcanzar metas y resolver las necesidades de cada día. Podemos dedicar muchos esfuerzos a cuidar nuestro cuerpo, nuestra economía, nuestra profesión y nuestras relaciones, y al mismo tiempo descuidar aquello que, según las palabras de Jesús, tiene un valor que supera al mundo entero.

Una pregunta que no podemos dejar para después

Algunas posturas materialistas sostienen que, cuando morimos, todo termina y que aquello que llamamos alma deja de existir. También existen planteamientos conocidos como el sueño del alma o la aniquilación del alma. Sin embargo, estas afirmaciones no pueden presentarse como conclusiones demostradas por la ciencia experimental. La ciencia puede estudiar aquello que es susceptible de observación, medición y comprobación mediante sus propios métodos, pero hay preguntas acerca de la existencia, la conciencia y el destino después de la muerte que trascienden aquello que puede establecerse empíricamente.

Puede que dentro del campo de la ciencia sepan mucho, y ciertamente la ciencia ha permitido alcanzar conocimientos extraordinarios acerca del mundo que nos rodea. Pero no debería aventurarse a presentar como demostración científica aquello que no puede ser demostrado mediante procedimientos científicos.

La Biblia, en cambio, habla de nuestra existencia espiritual desde otra perspectiva. Para las Escrituras, el ser humano no es solamente materia.

Todos tenemos un alma.

Y con frecuencia la ignoramos.

Mientras estamos vivos, podemos aplazar las preguntas importantes. Podemos decir que algún día pensaremos en ellas. Podemos concentrarnos en lo urgente y dejar para después aquello que consideramos lejano. Pero llegará el momento en que nuestra vida terrenal terminará y las preguntas de Jesús en Marcos 8:36-37 adquirirán una urgencia incomparable.

¿Qué aprovechará al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?

La pregunta no se refiere únicamente a las grandes riquezas. También puede alcanzar nuestros proyectos, nuestros reconocimientos, nuestras preocupaciones y todo aquello a lo que entregamos nuestra vida mientras dejamos a un lado nuestra relación con Dios.

Jesús está poniendo en perspectiva aquello que verdaderamente tiene valor.

Cristo es la respuesta a la alerta

Las preguntas de Jesús deberían llevarnos a considerar nuestro destino eterno antes de que sea demasiado tarde. Pero el mensaje bíblico no termina con una advertencia. La Biblia también presenta una esperanza.

Nuestra alma está afectada por el pecado, pero Dios ha provisto en Cristo el camino para el perdón y la reconciliación con Él. Hebreos habla de «los espíritus de los justos hechos perfectos»:

“a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23, RV1960).

La limpieza del pecado no es algo que podamos producir por nosotros mismos. Comienza aquí y ahora mediante el arrepentimiento, cuando nos apartamos del pecado y nos volvemos a Dios.

La Primera Epístola de Juan lo expresa de una manera sencilla y directa:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9, RV1960).

Hay algo profundamente esperanzador en estas palabras. Dios no solamente señala nuestra condición; también ofrece perdón. No se trata de negar el pecado ni de minimizarlo. Se trata de reconocerlo delante de Dios y confiar en la obra de Cristo.

Por eso, la alerta SOS que recibimos hoy no debería producir únicamente temor.

Debería producir una respuesta.

El puesto de socorro se llama Cristo y está ubicado en la cruz. Cristo murió por nosotros y resucitó de entre los muertos. Su obra hace posible el perdón y la transformación de quienes confían en Él.

La Biblia termina esta exhortación con una declaración llena de esperanza:

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” (Judas 24-25, RV1960).

Estas palabras presentan a Dios como aquel que tiene poder para guardar y presentar sin mancha a quienes pertenecen a Él. La esperanza cristiana no descansa en nuestra propia capacidad para mantenernos perfectos. Descansa en Dios y en su poder salvador.

Por eso, presta atención a la alerta SOS que te llega hoy.

No la dejes para mañana.

La vida pasa, el cuerpo envejece y las circunstancias cambian. Pero la pregunta de Jesús permanece: ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Tal vez hoy sea el momento de detenerse.

De reconocer nuestra necesidad de Dios.

De apartarnos del pecado.

De volvernos a Cristo.

Y de confiar en aquel que murió y resucitó para darnos vida.

 

Por Andrés Díaz Russell
Coordinador del programa
«Algo Dios va a hacer»

YouTube — Algo Dios va a hacer

«ALGO DIOS VA A HACER»

Youtube: https://youtube.com/@algoDiosvaahacer

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