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Apolos y el arte de seguir aprendiendo

Hay personas que, cuando entran a una habitación, la llenan. No solo por su presencia física, sino por algo que llevan dentro: una energía intelectual, una facilidad de palabra, una seguridad que inspira. Cuando esa persona además conoce las Escrituras, habla con convicción y ama a Dios con sinceridad, uno podría pensar que ya está lista para todo. … Apolos era ese tipo de persona.

Y aun así, le faltaba algo. No era poco. Era fundamental. Y lo más hermoso de su historia no es lo que sabía, sino lo que estuvo dispuesto a aprender.

  1. El hombre que lo tenía todo… casi

El libro de los Hechos nos lo presenta con una descripción que pocas personas reciben en la Biblia: «Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.»  (Hechos 18:24, RV1960)

Alejandría, solo ese nombre dice mucho. Era la ciudad del gran faro, de la biblioteca más famosa del mundo antiguo, el cruce de caminos entre la filosofía griega y el pensamiento hebreo. Apolos no venía de un pueblo pequeño ni de una tradición improvisada. Venía formado, argumentado, preparado.

Era elocuente; es decir, no solo sabía lo que quería decir, sino que sabía cómo decirlo. En un mundo donde la retórica era una disciplina académica formal, ese no era un detalle menor. Era poderoso en las Escrituras. No conocía algunas porciones, en realidad dominaba el texto. Sabía argumentar desde él, moverlo, sostenerlo.

Y sin embargo, el texto añade una frase que cambia todo: «Aunque solamente conocía el bautismo de Juan.»  (Hechos 18:25, RV1960).

Toda esa preparación, todo ese talento, toda esa pasión genuina (porque también era fervoroso) descansaba sobre una comprensión incompleta del evangelio. No era un hipócrita, no era un impostor. Era alguien que había llegado hasta donde podía con lo que tenía. Pero todavía había más.

Y aquí empieza la parte más importante de su historia.

 

  1. Los maestros que nadie esperaba

Si fueras el director de comunicaciones de un ministerio y quisieras diseñar una intervención formativa para Apolos, probablemente pensarías en un teólogo reconocido, en un apóstol de renombre, en alguien con plataforma y credenciales visibles.

Dios envió a Priscila y Aquila; un matrimonio. Fabricantes de tiendas. Sin título formal. Sin presencia pública destacada. Pero con algo más importante: entendían el camino de Dios con claridad y lo vivían con integridad.

«Cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.»  (Hechos 18:26, RV1960)

Hay tres decisiones de Dios en este versículo que merecen detenerse:

  • Primero: escogió a personas sin visibilidad para corregir a alguien brillante. No porque el conocimiento académico no importe (en este mismo relato veremos que sí importa) sino para recordarnos que la verdad no depende del tamaño del escenario desde donde se habla.
  • Segundo: Priscila aparece primero. En el mundo del siglo I, eso no era accidental. El Espíritu Santo no hace pequeño lo que otros hacen pequeño. Hay mujeres que Dios ha formado para enseñar, y la Biblia lo registra sin disculpas.
  • Tercero (y esto es lo que más me detiene cada vez que leo este pasaje): Apolos escuchó.

¿Cuántos líderes con el perfil de Apolos hubieran escuchado?

No hay evidencia de resistencia. No hay versículo que diga ‘Apolos intentó argumentar’ o ‘les preguntó quiénes eran para corregirlo’. Lo que el texto muestra es silencio. Un silencio que habla más alto que cualquier discurso. El silencio de alguien que sabe que crecer duele a veces, pero que el orgullo cuesta más.

 

III. Lo que ocurre cuando el conocimiento se somete

Hay una diferencia entre acumular información y ser transformado por la verdad. La primera es una operación intelectual. La segunda es una experiencia espiritual que involucra todo el ser.

Pablo lo describió con una imagen que no tiene pierde: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Corintios 8:1). Y aunque él lo escribía en el contexto de los alimentos ofrecidos a los ídolos, el principio atraviesa todos los siglos.

El problema nunca ha sido estudiar. El problema es estudiar para impresionar. El problema no es saber mucho. El problema es creer que ya no hay más que aprender. Apolos no cayó en esa trampa. Y el resultado fue extraordinario.

Después de ser enseñado, se convirtió en uno de los ministros más influyentes de la iglesia primitiva. Pablo, al escribir a los corintios, lo menciona con una naturalidad que revela una colaboración genuina: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.»  (1 Corintios 3:6, RV1960)

No hay competencia en esa frase. No hay jerarquías de importancia. Hay dos personas haciendo partes distintas de la misma obra, con la misma humildad, sin necesidad de reclamar el crédito.

Eso es lo que ocurre cuando el conocimiento se somete. Deja de ser un arma de autoafirmación y se convierte en un instrumento de edificación.

 

  1. El ministerio en tiempos de frases cortas

Vivimos en una época que premia la rapidez sobre la profundidad. Un post de 280 caracteres puede llegar a miles de personas. Un reel de 30 segundos puede generar más impacto que un sermón de 40 minutos. Y eso no es necesariamente malo. El problema aparece cuando empezamos a creer que impacto y madurez son sinónimos… y la verdad es que no lo son.

Apolos era elocuente, sí. Pero el texto no dice que Dios lo usó cuando era elocuente. Lo dice después de que fue corregido, formado y enviado con una comprensión más completa del evangelio.

La iglesia contemporánea necesita personas que hablen bien. Pero más que eso, necesita personas que sepan de qué están hablando. Personas que hayan procesado la fe en profundidad, no sólo en superficie. Personas que cuando digan “Cristo resucitó” lo digan porque han estudiado esa afirmación, porque la han defendido, porque han sopesado sus implicaciones y no la abandonarían aunque el mundo entero se les viniera encima.

Eso se llama apologética. Y es una de las disciplinas más urgentes y más descuidadas del ministerio contemporáneo.

¿Estamos preparados para defender lo que proclamamos?

No se trata de ganar debates. Se trata de tener raíces tan profundas que cuando venga el viento (y siempre viene) uno no se mueva. Se trata de poder decirle a la persona que está a punto de abandonar la fe: “Tengo razones. No solo experiencias. Razones”.

 

  1. Seguir aprendiendo: una decisión de por vida

Si Apolos necesitó ser enseñado después de años de fervor y preparación, ¿qué nos hace pensar que nosotros somos la excepción?

La madurez espiritual no es el punto en que uno deja de necesitar instrucción. Es exactamente lo contrario. La madurez espiritual es la capacidad de reconocer que siempre hay más: más profundidad en el texto, más comprensión del misterio, más claridad sobre lo que se cree y por qué se cree.

Santiago lo escribió con una sencillez que corta: ”Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). La gracia fluye en dirección a los que todavía saben arrodillarse ante lo que no entienden. En dirección a los que se sientan a aprender.

En la Universidad Cristiana Logos hemos acompañado durante años a hombres y mujeres que, como Apolos, ya tienen pasión, ya tienen dones, ya tienen llamado. Pero quieren algo más: quieren raíces, quieren claridad, quieren poder pararse frente a un mundo que hace preguntas difíciles y no quedarse sin respuesta.

Por eso hemos desarrollado nuestro Diplomado en Apologética: un programa diseñado para quienes entienden que la fe inteligente no es menos fe, sino fe que sabe por qué cree lo que cree.

No es para genios. Es para discípulos. Para personas que han entendido que seguir aprendiendo no es señal de debilidad, sino la marca más clara de la madurez.

Por María del Pilar Salazar
Decana Académica
Univ. Logos
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Si este mensaje ha confrontado tu corazón y te ha llevado a considerar con mayor seriedad las verdades del evangelio, también es momento de afirmarte en una fe bien fundamentada. Te invitamos a ser parte de nuestro Diplomado en Apologética Cristiana con el maestro Juan Valdez, un espacio diseñado para profundizar en la defensa de la fe, responder con claridad a los desafíos actuales y crecer en convicción y conocimiento de la verdad bíblica. Puedes conocer más e inscribirte aquí: https://www.logos.university/diplomado-apologetica

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