Aunque la capellanía es un llamamiento ministerial muy antiguo, sin embargo, la figura del capellán emerge en la actualidad como solución de servicio y atención a las necesidades espirituales y emocionales de los seres humanos, sin que implique que éstos se encuentren dentro de un entorno congregacional, ya sea de una iglesia o denominación. Muy por el contrario, el capellán desarrollará su misión y su llamado de servicio, fuera de la congregación. A él le corresponde levantarse, salir de su medio y desplazarse a los lugares, centros, entidades gubernamentales, públicas o privadas, todo tipo de ente comunitario donde pueda ejercer esta labor de servicio y ayuda social.
Cómo todo servicio que prestamos en el Nombre del Señor Jesucristo, nos conduce, de un privilegio, al satisfactorio compromiso que demanda dedicación, sabiduría, y paciencia en desarrollar los procesos de restauración de la vida espiritual, emocional y de salud mental de nuestros ayudados, hasta lograr llevarlos a feliz término de unidad en Cristo.