Conflictos en la Iglesia

Conflictos en el seno eclesial

En esta hermosa y maravillosa vida que Dios nos ha regalado, muchos de los instantes a vivir, no serán del todo felicidad, por el contrario es necesario experimentar el dolor y las dificultades, por las cuales también creceremos.

En este tema  que abarca  la resolución de problemas en la iglesia, se tocan aspectos de nuestra vida dentro del ministerio, pero aún afuera del él, ya que los conflictos, y la manera que abordemos los conflictos, nos dejarán ver de qué forma estamos asumiendo las verdades Bíblicas y cómo las estamos aplicando a nuestra vida.

Reconocer los conflictos

Los conflictos pueden ser una oportunidad de construir una vida que edifique y dignifique nuestro paso por este planeta, donde cada uno decide cómo asume los retos y las circunstancias que todos los días llegan sin avisar.

Pensamos que tenemos todo bajo nuestro control, pero en realidad en cualquier instante Dios permite que lo que nosotros creíamos de algo o de alguien cambia,  y llega una sensación de desconcierto, de impotencia, frente alguna circunstancia que identificamos como problema o como un conflicto que no esperábamos tener.

En la vida ministerial o eclesial los problemas se cuentan por montones, en la iglesia las vida de las personas no son perfectas, los cristianos no somos santos que no rompen un plato, es precisamente al acercarnos a Jesús, donde nos damos cuenta que somos muy imperfectos, que muchos de los que estamos en la iglesia, estamos con problemas y estamos muy rotos, que precisamente, es esa dependencia de Dios que nos hace volver una y otra vez a buscarle al que todo lo puedo Entender y perdonar en su amor.

La iglesia cuando funciona bien es un “hospital”, donde llegan personas heridas, moribundas, y allí encuentran la medicina para el problema en el alma, que no se puede ver evidentemente, y una vez curado y recuperado, se puede levantar a ayudar a otros, porque ha entendido lo difícil que es vivir “muerto”, sin la medicina celestial que es Jesús.

 

Conflictos frecuentes

En diferentes iglesias y en diferentes ministerios, se suele presenciar con frecuencia la rivalidad entre hermanos, la rivalidad en diferentes esferas dentro de la vida ministerial y la vida cristiana.

La rivalidad entre hermanos que quieren ganarse el afecto de su líder, la rivalidad entre líderes por ser los más allegados y más afectuosos con su pastor, rivalidad entre pastores y líderes pastorales, que tienen un llamado evidente a proclamar las buenas nuevas del evangelio de Dios, pero a causa de esta limitación humana, Dios no puede llevarlos donde Él lo ha pensado.

La “rivalidad” si no se trata desde un principio puede llevar a problemas tan serios como la división de un ministerio o de la misma iglesia o la exclusión o separación de un miembro de la iglesia y de la misma vida eterna.

La raíz de la rivalidad y los pleitos de poderes puede ser mucho más profunda, de lo que se piensa o se cree, la cual está muy seriamente comprometida en la autoestima y el amor propio que se encuentra a los pies del Maestro, y esto tiene que ver directamente con la sanidad del alma, que todo ser humano debe tener una vez conoce a Jesús.

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