El Bautismo

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La palabra en el griego del Nuevo Testamento es “baptizó” que quiere decir “sumergir” “quedar sumergido en algo” “sumergidos en una unión profunda”.

En el Nuevo Testamento vemos mencionadas varias clases de bautismo, vamos a enumerarlas:

El bautismo de Moisés.  1ª Corintios 10:1-2

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,” Este “bauti­zo” se refiere a las experiencias que todo el pueblo de Israel pasó junto con Moisés. Todos estuvieron “sumergidos en una unión profunda”.

El bautismo de Juan.  Para arrepentimiento. Marcos 1:4

“Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepen­timiento para perdón de pecados.” Este era en agua, y lo hacían como demostración de arrepentimiento.

El bautismo cristiano.  Para testimonio de nuestra fe en Cristo. Es figura de nuestra muerte con Cristo y nacer a una nueva vida. No salva, sino que es para los salvados.   Romanos 6:3-4.

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?  Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”

El bautismo por los muertos.  1ª Corintios 15:29. Este bautismo era en el caso hipotético de que Cristo no hubiera resucitado, no sólo nuestra fe   es vana, sino nuestro bautismo ridículo.

“De otro modo ¿Qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?

El bautismo de angustia.  Lucas 12:50. Cristo lo menciona hablando de su muerte en la cruz cargando con TODOS los pecados de TODOS los seres humanos de TODOS los tiempos. Y pagando por ellos.

“De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡Cómo me angustio hasta que se cumpla!”

El bautismo del Espíritu Santo.  El primero en mencionarlo fue Juan el Bautista, cuando hablaba de Jesús en sus predicaciones: Lucas 3:16. “Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo con agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado, El os bautizará en Espíritu Santo y fuego”. Esta cita, de forma muy parecida se repite en Mateo 3:11; Marcos 1:8; y Juan 1:33.

La segunda persona que habla de ello es el mismo Señor antes de la ascensión. Hechos 1:4-5.  “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.”

La tercera es Pedro que predica a los gentiles por primera vez y presencia el derramamiento del Espíritu Santo sobre ellos, y luego lo cuenta a los creyentes de Jerusalén, que le exigen explicaciones por haber entrado en una casa de gentiles y haber comido con ellos. Hechos 11:1-18. (Aquí escribimos los vers.15-18)

“Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿Quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

La cuarta persona que habla de ello es Pablo en 1ª de Corintios 12:13. “Porque por un sólo Espíritu fuimos todos bauti­zados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”.

Juan el Bautista hablaba de lo que Cristo haría; Cristo mismo habló de lo que iba a hacer “dentro de no muchos días” y Pedro habló de lo que Cristo hizo YA. Estos tres casos son uno mismo, por esa relación que tienen entre sí. Vamos a dejar de momento lo que dice Pablo ya que tiene otra referencia.

Aquí podemos preguntarnos ¿Debemos nosotros esperar algo parecido en este tiempo?

Creo que eso sería algo equivocado. Jesús mandó a sus discípulos “que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí”. El Espíritu Santo aun no había sido enviado a la tierra. Pentecostés significó su venida. Lo mismo que Cristo tuvo un momento histórico en que vino a este mundo, también el Espíritu Santo tuvo el suyo. La venida del Señor fue anunciada por ángeles de una manera notable; así la venida del Espíritu Santo fue anunciada con aquellas señales de lenguas de fuego y ruido de viento recio. Todos fueron llenos de él y hablaban en lenguas extrañas, pero comprensibles para todos los extranjeros residentes en Jerusalén. Todos podían escuchar “las maravillas de Dios” en su propio idioma. Desde entonces el Espíritu Santo está con nosotros llevando a cabo su obra en la Iglesia y en el mundo.

Aquel día fue también “El Día de la Inauguración de la Iglesia”. La iglesia aun estaba en proyec­to, pero el Espíritu Santo la hizo realidad con su presencia. ¡El es la vida de la Iglesia! Sin él la Iglesia no es nada, carece de poder para vivir y testificar.

¿Por qué hubo una manifestación parecida en casa de Cornelio?

Los creyentes judíos ¡aun los mismos apóstoles! eran muy reacios a admitir que Dios quisiera salvar a los gentiles. Que quisiera hacer algo con ellos. Que la Iglesia estaría formada por ellos también. ¡Esto era inconcebible! Sin embargo, Dios abrió la puerta del Reino de Dios a los gentiles de la misma manera que a los judíos… ¡para convencerlos! Y así vemos a Pedro dando explicaciones a la iglesia de Jerusalén y los creyentes aceptando asombrados lo que Dios había hecho y les estaba enseñando: “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿Quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

No vemos ya más manifestaciones del Espíritu Santo de esta manera en el Nuevo Testamento.

Cuando Pablo escribe el texto de 1ª de Corintios 12:13, ya había levantado muchas iglesias, eran muchas las personas que habían creído en Cristo y habían sido salvadas, judíos y gentiles, hombres y mujeres, sabios y torpes, ricos y pobres. Y dice: “Porque por un sólo Espíritu fuimos todos bauti­zados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”.  Unos de los “trabajos” del Espíritu Santo es “bautizar en un Cuerpo” a los creyentes, en el Cuerpo de Cristo. Allí nos “sumerge en una unión profunda”.

Y lo hace en el momento de creer y con TODOS los demás creyentes, formando así el cuerpo de Cristo con todos los miembros cada uno con su utilidad y servicio (dones y ministerios)

¿Creer en Jesucristo, recibir al Espíritu Santo, y ser bautizados por el Espíritu es lo mismo?

Podemos decir que Pedro mismo que había vivido personalmente todas estas historias, así lo confirma: “Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿Quién era yo que pudiese estorbar a Dios?

Dios concede este DON a los que creen en Jesu­cristo.

Así lo dice también Jesucristo mismo en San Juan 7:37-39. “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El; pues aun no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aun glorifica­do”.

Y así lo confirma Pablo en Efesios 1:13-14. de una manera clara y sencilla sin lugar a confusio­nes: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”.

Después de aquellas espectaculares demostraciones de gloria y poder del Espíritu Santo, la gente creía de una manera sencilla cuando les explica­ban el evangelio.

Así vemos a Felipe predicando el evangelio al eunuco de la reina Candace del país de Etiopía. Hechos 8:26-40. Ponemos aquí la “confesión de fe” de este hombre. vers. 37. “Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucris­to es el Hijo de Dios”.

Vemos a Lidia, en la visita de Pablo a Filipos que escuchaba la explicación del evangelio, y sin ninguna clase de “ruidos” aceptó al Señor y fue bautizada en agua junto con su familia: Hechos 16:14-15. “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor. entrad en mi casa y posad. Y nos obligó a quedarnos”.  Un estudio detenido y serio de todo el Nuevo Testamento nos mostrará que las cosas son así. Posteriormente la Historia misma del Cristia­nismo nos hace ver que siguió siendo así. De esta manera sencilla, aceptando a Cristo como Salvador después de un reconocimiento sincero de nuestra vida pecaminosa; he visto salvarse a muchas personas y ¡a mí mismo! y sus vidas cambiadas mostraron algo más que “unas señales”, mostraron lo que dice Pablo en 2ª Corintios 5:17. ” De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Vidas transformadas por el Espíritu Santo que vino a morar en nuestros corazones y cambiarnos de dentro para afuera a la imagen de Jesucristo. No de “golpe” o de alguna manera “espectacular” sino poco a poco, día a día, aprendiendo muchas veces de los errores y fracasos; de caídas y pecados.

El Espíritu Santo aun no había venido.

En la cita de Juan 15:26. “Pero cuando venga el consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. Jesús está hablando de aquella venida que se cumplió en Pentecostés que ya hemos mencionado arriba y de la que Juan habla en otras partes del su evange­lio, Juan 7:39 “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El; pues aun no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aun glorificado”.

Cuando Jesús ascendió al Cielo, victorioso sobre el pecado, la muerte y Satanás, fue recibido con gloria y triunfo. Y una vez glorificado envió al Espíritu Santo a la tierra.

Unas palabras más.

La época de los apóstoles fue algo especial, fue única, y tratar de repetirla no es correcto. A Dios mismo le pareció oportuno y apropiado en su sabiduría, que fuera un tiempo especial de señales y milagros (algunas razones ya están anotadas en este pequeño estudio, otras se pueden descubrir o permanecerán en secreto hasta Aquel Día) La epístola a los Hebreos, que fue una de las últimas que se escribieron nos hace ver que todo aquello ya era historia. Leamos Hebreos 2:1-4, “Por tanto, es necesario que con más diligen­cia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.

Como podemos ver todos los verbos que nos hablan de aquella época de señales y milagros están en pasado, ¡aun los derramamientos del Espíritu Santo! y otra cosa muy importante a tener en cuenta, es que todo aquello fue “según Su voluntad”. No según nuestra voluntad o la voluntad de ningún líder.

No quiero que se me mal entienda, Dios puede hacer en este tiempo lo mismo que en aquel ¡y aun cosas más grandes! pero lo que digo es que Dios tiene sus planes y su voluntad “para hoy” y eso es lo que debemos buscar, tanto como creyentes indivi­duales que como iglesias. Que podamos pregun­tarle: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Hechos 9:6.

 

Referencias Bibliográficas

  1. Feliciano Briones Cursos Bíblicos Apartados 2.459 28080 MADRID
  2. correo: cursosbiblicos2000@yahoo.es

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