Al Respecto de Eso, a lo que le Llamamos “Pasar la Estafeta”

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Cuando alguien muere se tiene la percepción equivocada y la sensación fatalista de que su existencia ha finalizado absolutamente en este hábitat temporal en el que vivimos; pero, examinando estas percepciones detenidamente, nos permiten ver que no son ciertas en lo absoluto. Cada persona en su peregrinar deja no sólo recuerdos sino partes de su mismo ser (físico, emocional, conductual, espiritual, etc.) que perviven y se van transmitiendo generacionalmente, para bien o para mal, para alegría o para tristeza, para orgullo o para deshonra, según sea la forma de interpretarlas por parte de aquellos que le suceden (es decir, los que van después de él  o ella, y son continuadores de su linaje).

Me agrada la idea de visitar los cementerios y limpiar, colocar algún adorno sencillo en los mausoleos, panteones, tumbas, etc. ¡Claro, comprendo que las personas ya no están allí! Pero me parece una buena oportunidad de aprovechar la quietud de esos lugares (si esto se hace en una época adecuada) para poder mirar hacia el pasado… ¡No en balde se recomienda mirar hacia las sendas antiguas! Y, por otro lado, según la sabiduría popular, mientras haya quien recuerde a los seres queridos que ya fallecieron, estos no estarán realmente muertos.

Decía que cada persona, en su paso por esta vida, va dejando una estela a veces perceptible, otras veces no tanto, de su propio ser. En lo físico, pues sabemos que la genética no se puede ignorar: Todos recibimos una carga biológica de nuestros progenitores quienes a su vez la recibieron de los suyos y así sucesivamente, lo cual identifica nuestra estirpe.

 Hay una anécdota muy ilustrativa al respecto que cuenta acerca de un jóven que se sentía tan deprimido porque “había perdido a su padre” pero, como la vida debe continuar se levantó ese día, como tantos otros,  se baño y arregló cuidadosamente para ir a trabajar y cuando se estaba viendo en la luna del ropero comenzó a examinarse y se sorprendió al ver que allí, en la imagen reflejada estaba su papá: la misma forma de peinarse, esos ojos inquisitivos y los hombros altivos que siempre le habían caracterizado… hasta su nombre, pudo recordar, era herencia  de ese viejo amado ¡Al verse a sí mismo estaba viendo, a la vez, a su propio progenitor y eso le reconfortó!

La existencia en este mundo se imagina, como que alguien viene, avanzando en un estadio, en una carrera de estafetas y te la pasa a tí para que tú continúes el próximo tramo. Es tan sutil el gesto que a veces pasa desapercibido y te comienzas a dar cuenta que tanto las cualidades como los defectos de tus antecesores están en tu propia persona: la forma de reírse, los dichos, las costumbres, los rasgos temperamentales…

 ¡Nadie puede negar quién es, ni de donde procede! Pero, por favor, no nos confundamos, esto no implica un determinismo inexorable. En lo social y espiritual, cada uno tiene libre albedrío y la oportunidad de sobreedificar a partir de la base en que ha sido criado. Y aún más, en Cristo, modificar esa base. “Ya no se dirá, los padres comieron uvas agrias y a los hijos les duelen los dientes…” (La Biblia Nueva Versión Internacional, 1979, Jer. 31:29)

Mi padre (mi abuelo) se llamaba Juan Cancio, y le decían Don Juanito. Yo me llamo José Juan y varios de mis amigos me dicen: ¡Mirá, Juanito esto o Juanito mirá aquello!; … Él se tocaba el ala del sombrero stetson cuando saludaba a sus vecinos, yo toco el ala de mi gorra cuando lo hago…Él era parsimonioso cuando hablaba, yo también lo soy; tenía un lunar grande en su carrillo derecho  (cercano a la nariz), yo lo tengo en el vértice de la ceja izquierda, cabal en el nacimiento del órgano olfatorio… Él murió hace más de cuarenta años pero yo quedé para continuar recordándolo hasta que el Señor me lleve a mi también… ¡Lo cierto es que ya les estoy pasando la susodicha estafeta a quienes son mi orgullo y mi continuación: mis hijos!… Mi oración: ¡Señor, por favor, permítenos correr y terminar legítimamente la carrera!

 

Referencias Bibliográficas

  1. Apuntes del Profesor José Juan Sosa Morales.
  2. La Biblia Nueva Versión Internacional (1979). Jer. 31:29. Sociedad Bíblica Internacional. 

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