Dios y los desastres naturales: ¿castigo o corrección?

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Los desastres naturales son fenómenos que causan gran sufrimiento y pérdida en el mundo. Terremotos, huracanes, sequías, incendios, inundaciones y epidemias son algunos ejemplos de estos eventos que afectan tanto a personas como a animales y ecosistemas. Ante estas situaciones, muchas personas se preguntan: ¿Qué papel tiene Dios en todo esto? ¿Es Dios el responsable de enviar estos desastres? ¿Son una forma de castigar a la humanidad por sus pecados? ¿O son una manera de corregir y advertir a los que se apartan de su voluntad? En este artículo, vamos a explorar algunas respuestas bíblicas a estas preguntas, basándonos en algunos textos del Antiguo Testamento que hablan sobre la relación entre Dios y los desastres naturales.

Uno de los versículos que nos habla sobre este tema es el Salmo 68:6b, que dice que “los rebeldes habitan en tierra seca”. Este versículo nos muestra que hay una consecuencia negativa para los que se rebelan contra Dios y no obedecen sus mandamientos: viven en un lugar árido y sin bendición. Por el contrario, los que siguen a Dios reciben su favor y su provisión. Otro texto que nos ilustra esta idea es el de 2 Crónicas 6:26-31, donde el rey Salomón ora a Dios en la dedicación del templo y le pide que tenga misericordia de su pueblo cuando sufra por los desastres naturales. Salomón reconoce que estos desastres son una forma de disciplina de Dios por el pecado de su pueblo, pero también confía en que Dios escuchará su oración, perdonará su pecado y restaurará su tierra si se arrepienten y se vuelven a él. Estos textos nos enseñan que Dios usa los desastres naturales como una forma de castigar el pecado, pero también como una forma de corregir y restaurar a los que se humillan ante él.

Sin embargo, no todos los desastres naturales son una señal de castigo o corrección de Dios. A veces, Dios permite que ocurran estos fenómenos para mostrar su poder y su gloria, o para cumplir sus propósitos soberanos. Un ejemplo de esto lo encontramos en el libro de Amós, donde el profeta anuncia a Israel que Dios les enviará varios desastres naturales como hambre, sequía, plagas, enfermedades y guerra, pero no con el fin de que se arrepientan, sino de que se preparen para el juicio final. Amós 4:6-12 nos relata cómo Dios hizo todo esto, pero el pueblo no se volvió a él, sino que endureció su corazón. Por eso, Dios les dice: “Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel”. Estos textos nos muestran que Dios también usa los desastres naturales como una forma de advertir y juzgar a los que rechazan su gracia y su salvación.

En términos prácticos, si los creyentes huyen de la voluntad de Dios, los desastres naturales pueden tener lugar (Jonás 1:3-15) y todos pueden verse afectados como los marineros. Por otro lado, cuando leemos versículos como “¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Dios no haya hecho? Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:6b-7), nótese que Dios envía castigo por el mal y Él también advierte a través de Sus Profetas. Dios no lo hace al azar ni envía caprichosamente el mal simplemente porque sí (Romanos 2:2) como los versículos anteriores lo indican.

Recordemos la advertencia que vemos en el Salmo 94:10: “El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá?” Y aunque los desastres naturales son realmente malos, siguen siendo una corrección para que los pecadores recurran a Dios y no la sentencia escatológica final (Apocalipsis 20:11-15). Tienen el objetivo de advertir (Romanos 1:18 y Romanos 2:3c). Isaías 19:22 dice que Dios hiere para sanar y eso es lo que vemos que ocurre en el caso de aquellos que se vuelven a Dios (compárese Romanos 1:2-32 con 1ª Corintios 6:9-11).

Por eso, cuando la gente dice: “Dios, tú enviaste una tormenta o un tornado o un desastre natural” y le culpa por ello, recuerda que Dios hizo el mundo bueno en gran manera (Génesis 1:31). Pero se trata de un Mundo caído que tiene poca semejanza con la creación original (Génesis 3:17d-18, Isaías 65:17). Dios puede usar los desastres que vienen en una creación rota, pero eso no nos da motivos para señalar con el dedo a Dios.

 

En lugar de eso, contempla tu propio pecado y asegúrate de estar en paz con Él.

 

LAS DOS SEQUÍAS:

https://youtu.be/AYEufBy1ypY?si=EPudcaluuQcQVNUP

Andrés Díaz Russell

Coordinador del programa

 

“ALGO DIOS VA A HACER”

Youtube: https://youtube.com/@algoDiosvaahacer

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