Honrar a Dios desde la Familia

RELACIONES FAMILIARES QUE HONRAN A DIOS

 

Uno de las que cosas que más atentan ante la concordia y felicidad  familiar es la comunicación, si no hay Buena comunicación no Podemos tener el tipo de matrimonio y la familia que Dios quiere, hoy detengámonos a ver cómo nos comunicamos

El Arte de comunicarnos

Comunicarse es el proceso de compartir información con otra persona, de tal manera que el mensaje sea entendido correctamente.

Deberíamos estar hablando lo que es bueno para la edificación mutua, con una comunicación efectiva, reforzando y enriqueciendo nuestras relaciones familiares que honran a Dios (Efesios 4: 25, 29).

Es importante reconocer que la comunicación es más que palabras, involucrando también la comunicación no verbal, constantemente estamos comunicando aunque nos mantengamos en silencio.

Sin embargo, muchas veces la comunicación no verbal es mal entendida, aun cuando el mensaje provenga de Dios, puede ser mal interpretado el silencio de Dios.

 

Asegurarnos que comunicamos lo correcto

Debemos de asegurarnos de que nuestra comunicación sea lo que realmente queremos comunicar, o por lo menos que los demás entiendan lo correcto.

Para comunicar efectivamente debemos de ser honestos, acerca de nuestros pensamientos, deseos y emociones, debemos de aprender a sustituir pensamientos no bíblicos con pensamientos bíblicos que honren a Dios (Gálatas 5: 19-26; Efesios 4: 17-24; Colosenses 3: 5-14)

Lo que la gente escucha por medio de nuestras acciones, es muy poderoso, tal vez más poderoso de lo que en realidad decimos con palabras.

Dios quiere que nos comuniquemos verbalmente; nuestra boca debe de ser usada para motivar, para contrarrestar la ira, para establecer amistades, para encomiar el conocimiento, para sostener a los cansados, para animar y para promover sanidad.

 

Muchas o pocas palabras

El déficit de palabras puede dañar las relaciones familiares, en algunos casos las pocas palabras podrían ser un obstáculo sobre ciertos temas de interés en la familia.

El de pocas palabras se disfraza de una forma de hablar indiferente.

Compartir deficientemente es otra manera de obstaculizar las relaciones, impidiendo de esta manera la intimidad y estorba los esfuerzos que se hacen para edificar la familia.

Ser de pocas palabras sienta las bases para el déficit de reconocimiento del otro, así mismo puede llegar la familia a sufrir de ausencia crónica de expresión de aprecio.

 

Porque la falta de palabras…. entre las causas más comunes para las pocas palabras están: la fatiga, la venganza egoísta, un complejo de inferioridad, el miedo, las costumbres, las múltiples ocupaciones.

Restablecer la comunicación y vencer las pocas palabras es posible con:

– Tener el deseo de vencer a pocas palabras

– Ponerlo en Oración

– Practicar  a través de la lectura diaria.

 

Al contrario de pocas palabras las muchas palabras pueden volverse una práctica muy destructiva (Proverbios 12:23)

Si nos volvemos una persona de muchas palabras podríamos destruir muchas relaciones, destruyendo amistades, estorbando matrimonios, causar el deterioro entre las relaciones entre padres e hijos (Eclesiastés 3:7)

Las personas que quieren edificar a su familia como Dios quiere deben saber que, cuando y cuanto hablar.

Evitar caer el exceso de palabras nos previene del: el monopolio, el chisme, palabras defensivas, el hablar dominante, el boca de motor, el fastidioso, el hablar egocéntrica.

Para mantener el equilibrio debemos de atender las causas que podrían ser el orgullo, el egoísmo, temor al silencio, la soledad, hábitos o costumbres pasados, no escuchar, deseo de controlar temas.

 

 

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