Esperanza para madres solteras

Esperanza para madres solteras

He tenido la oportunidad de hablar con muchas mujeres a quienes les ha tocado ser madres solteras. He escuchado las cargas y los retos complejos que tienen que enfrentar. Cada caso es diferente, pero el estado de sus corazones muchas veces revela una profunda desesperanza. Al escuchar las pruebas por las que deben pasar, me duelo con ellas. Entiendo el continuo desaliento que debe ser pasar por la maternidad sin un esposo que guíe, provea, y proteja tal como es el diseño de Dios.

Amada hermana, si tú estás pasando por este valle de desesperanza y te sientes desanimada, quisiera que vayamos al Dios de toda esperanza. Te animo a que bebas de las abundantes riquezas de Su gracia que sostienen tu alma y hacen que tu corazón se llene de Su Espíritu Santo para que rebose en ti la esperanza, la fortaleza, el amor y la fe.

En Efesios leemos: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (1:3).

Este pasaje me ayuda a entender quién es Dios y qué ha hecho por sus hijos. Si eres hija de Dios por gracia y fe en Él, posees todo lo que necesitas para cada prueba que enfrentas. Las carencias emocionales y físicas que experimentas son reales y afectan el corazón de la madre soltera por muchas razones, pero quiero que recuerdes al Dios que gobierna toda circunstancia. Alza tus ojos más allá de tus circunstancias para que lo veas, lo conozcas, te asombres de Él y lo atesores por sobre todas las cosas.

Si tú has abrazado el evangelio, has reconocido tu bancarrota espiritual por tu pecado ante un Dios santo, has reconocido a Jesús como el único Salvador de tu alma y te has arrepentido de tus pecados. Oro para que puedas ver y comprobar que en Cristo lo tienes todo. Sí, vemos a nuestro alrededor y falta tanto, hay tanta necesidad para ti y tus hijos. Pero si vemos más allá de lo terrenal y descubrimos la presencia amorosa de nuestro Dios muy cerca de nosotras, entonces podremos vivir para más de lo que vemos y tenemos o no tenemos aquí.

 

Hay cuatro cosas por las que oro que puedas abrazar y así descansar en Él:

1) El evangelio: Dios contigo y por ti 

El evangelio son las buenas noticias de Dios para cada persona que se arrepiente de su pecado y pone su fe en Cristo como el único capaz de satisfacer la ira de Dios por su pecado. El evangelio es para cada persona que entiende su insuficiencia para llegar a Dios y la suficiencia de Jesús, quien murió por los pecados de su pueblo para así rescatar, limpiar y salvar a los suyos (Ef 1:7).

 

Este glorioso evangelio se aplica a ti y a mí. En cualquier situación en que nos encontremos, el evangelio nos recuerda las buenas noticias de la gracia de Dios. Contemplarlas y meditar en ellas debe llenar tu corazón de esperanza en Cristo. Al mirar a Jesús y su evangelio, estás poniendo tu esperanza en lo eterno y verdadero, no en tus circunstancias cambiantes y muchas veces frustrantes.

Quiero animarte a que día a día, segundo a segundo, tu mente vaya y permanezca en Cristo y en Su obra a tu favor. Que la gratitud y el asombro inunden tu corazón al entender cuánto ha hecho, hace y hará por ti el Gran Salvador a pesar de las dificultades, los días grises, tus luchas y los vacíos en tu vida. Si tienes a Cristo, y en Él tienes toda bendición espiritual (Ef 1:3), estás completa. Lo que pueda faltarte en esta vida, Cristo lo satisface a su manera y dándote más de Él.

2) Tu verdadera identidad

¡Cuánta desesperanza puede haber en nuestro corazón si nuestro entendimiento de quienes somos se basa en los estándares de este mundo! Amada, si estás en Cristo, tu identidad principal no se basa en tu estado civil, social o económico, sino en quien Él dice que eres. Su Palabra es clara al decirnos cuál es nuestra verdadera identidad. Te animo a estudiar toda la carta a los Efesios y encontrar en sus páginas la verdad de quién eres en Él y quién es tu Salvador y Señor que debe gobernar cada parte de tu vida (Ef 5:1-2).

Las circunstancias difíciles en las que puedes estar por ser madre soltera puede dar lugar a que pienses que no eres amada o vista por el Señor. Pero crecer más y más en tu entendimiento de quién eres para Él, esa nueva realidad cambiará tu perspectiva de por qué estás en este mundo y a qué te ha llamado el Señor. Recuerda: Él te llama a amarlo, vivir para Él y serle fiel donde estás, no en tus fuerzas —porque eso sería imposible—, sino en las fuerzas de nuestro Dios Todopoderoso (2 Ti 1:7).

3) La comunión con Su iglesia

Cualquiera se preguntaría: ¿Qué tiene que ver mi iglesia local con mi situación de estar criando a mis hijos sola? La verdad es que tiene mucho que ver. Para los padres y madres solteros, está la tentación de aislarse, sentirse solos y sin un sentido de pertenencia. Sin embargo, el Señor en su bondad te ha dado medios de gracia para sostenerte, alimentarte, llenarte de esperanza y así crecer en ser más como Cristo y vivir para Su gloria (Ef 4:14-16).

 

Es un regalo poder pertenecer a una familia de la fe, una iglesia local. Es cierto que ninguno de sus miembros es perfecto. Pero juntos, como familia, se apuntan unos a otros a Cristo. Tú y yo necesitamos recordar la esperanza que solo tenemos en Él y necesitamos a otros creyentes a nuestro alrededor para alentarnos mutuamente. De igual manera, Dios te puede usar en tu iglesia para animar a otros creyentes, cuando vean en ti a una mujer que quiere darle la prioridad al Señor y Sus asuntos a pesar de las dificultades y retos por los que atraviesas.

Te animo a mantener un compromiso con tu iglesia local y que, de igual manera, tus hijos puedan ver allí ejemplos de hombres que aman al Señor y su Palabra. Esto será de gran bendición para sus vidas aunque ellos no te lo comuniquen todavía.

4) La soberanía de Dios

Quiero terminar recordándote que ninguna de las circunstancias por las que atraviesas se han salido de las manos de Dios (Ef 6:10). Es reconfortante saber que, aunque no tenemos el control de las cosas por las que pasamos, el Señor guía nuestra vida para Su gloria y nuestro bien (Ro 8:28). ¿Y cuál es tu mayor bien? Conocer, amar y vivir para tu Señor y Salvador.

Amada, mientras batallas con las circunstancias de tu vida, pon tus ojos en Cristo. Atesora Sus promesas que llenan tu corazón de la verdadera y única esperanza.

 

Este artículo fue escrito por Gaby Galeano , y fue publicado originalmente en Coalición por el Evangelio. Para más artículos y contenidos como este, visita www.coalicionporelevangelio.org

 

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