Gloriosa Resurrección

Gloriosa resurrección con Cristo

La resurrección gloriosa de los cuerpos, anunciada con énfasis en la Santa Escritura, afirma la felicidad de las almas en el Cielo y una condición corporal distinta de los bienaventurados, tratemos de entender esta promesa para los bienaventurados.

Jesús, la primicia

La Santa Escritura nos habla de Cristo resucitado como primicias de nuestra resurrección (1 Cor 15), de una vivificación sobrenatural que alcanza también lo somático (Rom 8,11; v. t. Mt 22,30; 2 Cor 4,14) y de un recibir de Cristo la comunicación de esta vivificación, razón de la semejanza de los cuerpos resucitados con el del Señor (Hech 4,2; Fil. 3,21 y 1 Tes 4,17).

Pablo en 1 Cor 15,42, ha sentado bases para la formulación de los cuatro dones de los cuerpos resucitados: impasibilidad, claridad, agilidad y sutileza. De igual manera señala que «se siembra en corrupción y resucita en incorrupción»; y en otros lugares nos afirma la inmortalidad de los resucitados celestes y la exclusión del dolor en la vida celestial.

Sin embargo, hay que aclarar se resucita para vivir vida humana, aunque en un nivel de perfección superior. Por lo tanto, se siembra en deshonor y resucita en gloria, es decir, participa todo el hombre, incluido el elemento corporal, de la doxa o sea se participa de la divina, en contraposición a la debilidad de la actual condición.

Finalmente, Pablo señala una característica de los cuerpos resucitados que «se siembra cuerpo natural y resucita un cuerpo espiritual»; refiere a que en la resurrección también lo somático está penetrado por el Espíritu de Dios, está sobrenaturalizado, elevado a una condición de vida superior, divinizante.

Tratándose no solo de una perfecta ordenación de lo somático a lo espiritual, sino además de una sublimación de lo corporal por la operación íntima del Espíritu que, sin cambiar sustancialmente la condición corporal esencial del cuerpo.

El bienestar celestial

Las bienaventuranzas y el Apocalipsis indican la Felicidad de aquellos que mueren en el Señor. El concepto de gozo, que en la Biblia tiene también siempre un fundamento religioso, se refiere especialmente a la definitiva vinculación con Dios que se da en la consumación celestial; es un gozo que ya se pregunta aquí por la esperanza de su plenitud celestial: «alegraos en la esperanza» (Rom 12,12; 15,13; 1 Ped 1,3-9 y Lc 10,20).

El estado feliz del bienaventurado se refiere también el concepto de paz, con su contenido bíblico: Su salida de entre nosotros es reputada por aniquilamiento, pero gozan de la paz. Igualmente, la idea bíblica del descanso, religioso y beatificante, es aplicada a la vida celestial (Heb 4,3-11).

En la vida celeste se sacia la inteligencia de verdad, la voluntad de amor en el sentido más noble y personal del amor, se goza de una óptima condición somática y de circunstancias, se está radicalmente exento del dolor nobilísimo pero punzante del remordimiento, del riesgo de perder el bien, etc. Todo es enteramente favorable y de todo se goza noblemente.

Sin embargo, solo hemos de acceder gracias a Cristo, por la misericordia del Padre y acompañados del Espíritu Santo a la Gloriosa Resurrección.

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